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Atlas

Humboldt

Mie 22 mayo, 2019 - Diego Montanari
Etiquetas: Atlas Humboldt Pablo Rebolledo Pablo Rebolledo Bañados
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Para una banda que está recién comenzando su camino dentro de la industria musical, el querer sonar genuino y novedoso debe ser una de las metas más comunes. Para el grupo porteño Humboldt esto ha significado la modificación de su esencia y ADN, para tratar de encontrar un sello y mayor afinidad. “Gigantes” (2016) fue una declaración de amor a las guitarras garage y al tópico revival tan acostumbrado de otras partes del mundo, incluso en formato clásico de banda. En su tiempo compuestos por Christian Silva (guitarra y voz), Simón Cárcamo (guitarra y segundas voces) y los hermanos Álvarez (bajo y batería), este disco se destacó por su potencia, el desquite rockero de sus componentes básicos, y letras sobre la sociedad y alrededores que nos acomplejan. No por algo canciones conocidas de su repertorio como  ”Desaparecer” o “Extraños” compartían esa crudeza bluesera acompañada de una garra más intensa de sus voces, y un instinto primitivo en su ejecución. A eso agrégale tópicos fuertes de la actualidad como las violaciones, secuestros y constantes femicidios mostrados en sus videoclips.

Pero con el paso de los años desde este lanzamiento, muchas oportunidades previas permitieron visibilizar la real pasión e intención de lo que su música ofrecía, y de lo que a futuro podría emanar. Siendo participes de festivales independientes como el SXSW en 2017 y su gira en Colombia, pues la agrupación -ahora compuesta por tres de sus miembros originales- sintió un cosquilleo que los llamó a moverse a otro espectro más fluido y menos intenso, pero en cierta manera sincero. Habiendo tenido una presentación exitosa en el Acer Stage en Lollapalooza, Humboldt ahora nos presenta su segundo disco de estudio, “Atlas”.

Primero lo notorio, el cambio de pieles arriesgado que decidieron escoger para esta nueva producción. Para muchos este puede ser el paso definitorio para dejar de escuchar a una banda que trajo consigo un poderío rockero en su primer trabajo, pero para otros -con gustos alternativos y aficionados del detalle- pues amarán desde un principio este álbum. Y es que hay actos de valentía los cuales pueden convertirse en un acierto bien construido, como también otros que caen bajo por no ser estratégicos. Y en este punto, Humboldt supo buscar la transición de manera pausada y reservada, ya que tenías que asistir por lo menos a dos o tres tocatas de ellos durante el 2018 y fines del 2017 para descubrir lo que se estaba cosechando. Era una manera de promoción y especulación que funcionó perfectamente para los porteños.

La banda deja de lado los filtros vieja escuela de las voces y la distorsión desmedida de grabación casera, para introducirnos en un viaje espacial con matices sorprendentemente volátiles y pop, mezcladas con indie rock de calidad y psicodelia bien representada. Parece ser que no solamente quisieron convertirse en astronautas de un viaje inesperado, sino que creadores de un concepto visual y sonoro igualmente, en donde entre pasajes oníricos y un vuelco a los sintetizadores, decidieron dejar de lado las observaciones de un país corrompido y ensuciado, para soltar las verdades inquietudes personales de la banda de por sí. No por algo canciones como “La canción de Facu” hablan sobre un pequeño niño familiar de uno de los miembros de la banda, con una emotividad genuina, pero también tomando esa inocencia sonora sacada de los primeros trabajos de Mac DeMarco, con una letra dedicada a ese nacimiento que desde el primer abrir de ojos, conecta de inmediato con la vida.

 

 

El final de “La canción de Facu” contiene un recurso muy utilizado en este álbum, y son esos alargues instrumentales en donde todo se termina convirtiendo en un muro de sonido. Otra canción en donde hacen alegoría del experimento sonoro es el track homónimo, creando un mar de sensaciones acuáticas y placenteras con sintetizadores. Acá el factor Tame Impala se hace fuerte, y el uso de pedales con recursos ambientales convierte este viaje en uno turbulento de vez en cuando. Pero para los más rockeros, no piensen que esto fue el fin, algo que Christian Silva y Simón Cárcamo dejaron claro en el camino al lanzamiento fue que de por sí, hay temas que mezclaron el rock de guitarras con nociones en clave noise. Bajo esa arista, “Otro Sol” entra con un power chord ruidoso en armonía de notas mucho más controladas, y bajo algo más movido y centrado en las seis cuerdas. “Déjalo Ir” tiene coros pegajosos y con la guitarra como principal guía hacía el final de “Sur”, el cual es vaporwave con nostalgia intacta en su fórmula, 80s y 90s synth pop a la vena, con una intención sexy.

Humboldt tampoco querrían estar solos en esta ocasión, y como buenos conductores de este motor espacial, recurrieron en la búsqueda de sus tripulantes también. Las colaboraciones acá son la mejor salsa que le puedes agregar a un plato con forma musical, y es que la inclusión de Seba Gallardo en la canción “Mapa de tu Viaje” con Frank Mesko en el saxofón en este tema y en “Prohibidos” les dan una exquisitez única a canciones delicadas. La flauta traversa de Monse Sembler en “Sur” nos teletransporta en un trance jazzero y pachamámico que se vuelve tranquilizador en el proceso. Nadie sobra acá, incluso se vuelven una con la banda, como si miembros nuevos fuesen.

Algo que tuvo mucha similitud con trabajo anterior, es que tomaron las partes más importantes de un rompecabezas de influencias, y los convirtieron en una obra más completa. Con Gigantes tomaron lo más ligado a The White Stripes, The Black Keys y Queens Of The Stone Age, para crear un cancionero de rock casero y distorsionado. Acá se la juegan con Tame Impala, Mac DeMarco, transiciones levemente parecidas a las de los trabajos más calmados de Pink Floyd, para crear “Atlas”. Si el próximo paso es seguir probando con estilos totalmente diferentes, y darles este cariño y trabajo, pues que esta sea la fórmula esencial de los chicos.

Los bajos pasan a ser protagonistas, la función de la guitarra una de apañe y las auras una nueva historia. Las voces son claras, las profundidades un desafío y el cambio una pelea más. Puntos a favor en un nuevo capítulo del grupo, que tiene pro y contras igualmente, si bien canciones con tintes radiales como las de “Transatlánticos” y “Mapa de tu Viaje” llegan a ser rolas agradables, pues en ciertas partes más adelante tienden a ser muy parecidas unas con las otras. Pero eso se ve como una herramienta para los pacientes, siendo que desde los tracks 6,7, 8 y 9 todo comienza a ser una fructificación de sus virtudes. Pero la mayor parte positiva de este disco se ve relacionada con la conexión mutua de todos los miembros, respetando sus secciones y ahora siendo más inteligentes en los aires de cambio. “Atlas” es un punto a favor de la evolución, y de las consecuencias que este puede ocasionar, y como dicen siempre, “el que no arriesga, no gana”.

 

Por Pablo Rebolledo Bañados

 

 

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