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Daniel Hidalgo: “Escribir es casi como jugar una pichanga”

“Manual para robar en el supermercado” es la nueva novela del autor de 32 años, oriundo de la Quinta Región.

Jue 28 abril, 2016 - Diego Montanari
Etiquetas: Daniel Hidalgo Erika Cabrera Manual para robar en el supermercado
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Daniel Hidalgo, quien editó en el 2011 el premiado “Canciones punk para señoritas autodestructivas”, retorna a la escena con su más reciente trabajo publicado por Hueders.

Ambientado en Valparaíso a mitad de los ’90, “Manual para robar en el supermercado” retrata la historia de “Manuel” y “Lucy”, un universitario que se enamora de una chica okupa, de estética post-punk, que le enseña a robar.

Ambos comparten con otros jóvenes una casa abandonada en un cerro de Playa Ancha y allí, entre la pobreza, la frustración y la felicidad del primer amor, construyen un relato que fusiona literatura social, narrativa marginal y comedia romántica indie.

La novela, que transita entre el fin de la adolescencia y el comienzo de la adultez, cuestiona la idea del consumo asociada al trabajo, en un viaje teñido por referencias musicales, entre otras del grupo “Weezer”, que es el favorito del protagonista.

“Manual para robar en el supermercado” corresponde al tercer libro de Daniel Hidalgo, quien se desempeña actualmente como profesor en un liceo técnico de Santiago. “El ‘Manual…’ es crítico respecto a la idea de trabajar y, en ese sentido, es bien juvenil y bien rebelde. Sin embargo, tampoco quería caer en la fantasía o en la idealización de la rebeldía sino que, por el contrario, llegar al razonamiento de si la rebeldía es una polera que te puedes sacar y luego disfrazarte de otra cosa”, cuenta el autor.

 

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¿Qué intentas retratar con el modelo de supermercado?

-Justicia social desde el punto de vista de los protagonistas de la historia. La idea de robarse un paquete de maní evidencia lo mal que estamos como sociedad y, en ese sentido, el supermercado es un espacio abierto que te crea un deseo, pero que no funciona si no tienes plata. Entonces, ya que está el acceso, hay que tomarse las cosas a la mala. Esa es la lógica en el libro.

 

Se lanzó a mediados de marzo ¿cómo ha funcionado hasta ahora la novela?

-Bien. Como que se dio todo súper rápido. Yo venía de publicar en una editorial pequeñita, Das Kapital, donde prácticamente “Canciones punk para señoritas autodestructivas” se demoró dos años recién en empezar a prender. Ahora, en cambio, fue todo más inmediato y, de hecho, al día siguiente del lanzamiento, ya me estaban comentando por redes sociales que el libro les había gustado.

 

Con “Canciones punk…” y ahora con “Manual para robar en el supermercado”, ¿sientes que has encontrado un nicho que sigue tus textos?

-Si bien yo siento que ambos libros son distintos, en el “Manual…” hay una estética y una línea que se continúa, que tiene que ver un poco con las historias de amor, con la construcción territorial y escritural de Valparaíso, y también con la idea del vacío y el abandono que, en este caso, pareciera ser no tan político, sino más emocional e individual. Entonces sí, son temas que se han venido tratando y, en ese sentido, la gente ya va conociendo mi mano.

 

¿A qué te refieres con la idea del vacío y el abandono? ¿Interpreta un sentir personal?

-Tiene que ver un poco con las historias de todos. Con un tema generacional, territorial y universal. De alguna forma, me refiero a cómo nos hemos ido destruyendo al avanzar con los años como sociedad y, en algún punto, se trata de crear un sentimiento, pero también una provocación. Tiene que ver con un estado de las cosas y yo creo que esa es la gracia del escritor; ser un cronista de lo que está sucediendo en un momento y plantearlo a través de la ficción.

 

En “Manual para robar en el supermercado” predomina el lenguaje coloquial chileno. ¿No crees que esa sea una traba para salir con tu novela al extranjero?

-Es que mí me gusta que haya color en la lengua, que haya un saborcito y que no todo sea un anagrama de una traducción española del mundo. Y no me molesta. Me molesta más, por ejemplo, cuando quiero leer literatura gringa y está llena de gilipollas y españolismos. Eso sí me genera ruido. En el “Manual…” en cambio, así como las citas de las canciones y las citas a la época, también la cita a la lengua para mí enriquece el texto.

 

Es una herramienta más.

-Sí. Además que yo nunca he escrito pensando en la internacionalización, ni tampoco tengo la fantasía de ser escritor en Chile y menos a nivel latinoamericano. Yo trabajo de profe y, ya que tengo las ganas de contar historias, encontré una plataforma, a través de la escritura, que me permite hacerlo de una manera que se me hace muy cómoda. Anteriormente lo hice a través de las canciones, cuando formé algunas bandas y no sé si mañana, a lo mejor, cuente esas historias desde otra vitrina. Me encantaría, por ejemplo, hacer videclips.

 

¿No quieres forjar una carrera en la literatura?

-No, para nada. Para mí hay cosas que son mucho más importantes que creerse la fantasía del escritor, que en realidad es una figura bastante absurda. En Chile no se vive de eso, salvo que tengas un colchón familiar que te lo permita.

 

Entonces, ¿tomas la escritura como un complemento a tu rol de educador?

-Para mí es casi como jugar una pichanga el fin de semana. Como para un ingeniero puede ser ir a jugar golf.

 

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Trilogía Playa Ancha

 

Actualmente, ¿estás trabajando en nuevo material?

-Yo me he tomado harto tiempo entre un libro y otro, y creo que es súper sana la idea de no estar tan pendiente de la escritura. En realidad, lo que más tiene que hacer un escritor es observar, y vivir los periodos de reflexión y de búsqueda de material, más que estar todo el día encerrado en una biblioteca. De todas formas, sí tengo un par de ideas y algunas cosas esperando en el computador que quiero trabajar ya, como un volumen de cuentos que me gustaría publicar en los próximos dos años.

 

¿Escribes en tus ratos libres?

-Sí. Cada vez que puedo me pongo a escribir un poquito, aunque tengo una rutina bien esquiva en ese sentido. Como trabajo de profe, mis jornadas son de lunes a viernes de las ocho de la mañana a las seis de la tarde y, por lo tanto, el tiempo que tengo para escribir es bien poco. Sin embargo, agradezco que sea así, porque lo disfruto más y trato de sacarle el mayor provecho que tengo a ese tiempo.

 

¿Cuáles son tus influencias literarias más relevantes?

-De niño trabajé mucho como lector la narrativa social. Manuel Rojas es mi escritor preferido, de Alfonso Alcalde también me gustaron muchas cosas y, en un plano más internacional, Nick Hornby es un escritor que me voló la cabeza. De hecho, he tratado de copiarle un poquito en cuanto a las transiciones musicales que intento poner entremedio de los relatos.

 

En ese aspecto, ¿quiénes son tus grandes referentes?

-Aunque soy bien diverso, “Red Hot Chilli Peppers” es mi banda favorita desde que era chico y también me gustó siempre el punk más primitivo. Por ejemplo, todo el tiempo estoy pensando en los “Clash” para construir narrativas y, políticamente, Joe Strummer para mí es un ejemplo para dialogar y reflexionar siempre.

 

¿Te gustaría incursionar en algún otro formato?

-Para el “Manual…” hicimos con la editorial unos book trailers que dirigí yo, a los que les dediqué harto tiempo y la verdad es que me quedó gustando. Me encantó la idea de editar videos, de montar escenas y de contar una historia a través del lenguaje audiovisual. Lo he disfrutado mucho, así que yo creo que por ahí también podría salir algo.

 

¿Y contemplas un retorno a la música?

-Siempre está la idea de retomar con alguna banda pero, por ahora, lo que hago es ir a conciertos los fines de semana. Como salgo embrutecido los viernes, medio muerto del trabajo, necesito ir a conciertos y en Santiago, al menos, hay una gama de panoramas para disfrutar de buen rock. Es que me gusta la escena que se está dando en el circuito más independiente, con grupos como “Paracaidistas”, “Niños del Cerro” y “Planeta No”.

 

No te aburres en la capital.

-Sabes que no. Yo tenía la meta de llegar sin familia a los treinta, tengo treinta y dos y considero que ha sido una súper buena opción. Si bien uno está lleno de equivocaciones y de malas decisiones, porque esa es una línea que sigues desde cabro chico hasta ahora, efectivamente uno tiene mayor poder de decisión, está más grande, un poco más maduro y para mí ha sido muy agradable este periodo. Realmente, lo estoy disfrutando.

 

¿Y te proyectas con familia más adelante?

-No. Yo tengo la meta de nunca formar familia, porque me parece una cosa profundamente burguesa, aburrida y mentirosa. Me irrita esa concepción de auto meterse a una cárcel que es imposible de sostener y de la que sale mucha gente dañada. Incluso, uno mismo como individuo tiene que traicionarse para entrar en la lógica familiar.

 

¿Tampoco quieres tener hijos?

-No. Siento terror de traer hijos a este mundo tan esquivo, tan duro y tan dependiente del consumo, de la plata y del trabajo. Además, con el dinero miserable que gana un profe, yo no sé cómo podría formar una familia ahora. Tengo un sueldo que apenas me alcanza a mí para sostenerme con mis vicios y mis modos de vida.

 

Y finalmente, volviendo a la escritura, ¿pretendes seguir la línea en tu próximo libro o quieres hacer algo distinto?

-Lo que une a “Canciones punk para señoritas autodestructivas” y a “Manual para robar en el supermercado”, es que está esa obsesión mía por querer narrar cada rincón del cerro Playa Ancha, que es el cerro donde yo me crie en Valparaíso y, por lo mismo, creo que por ahí se puede armar una trilogía. Todavía me quedan muchas cosas por contar de Playa Ancha. Sin embargo, estoy preparando un volumen de cuentos que no tiene que ver con Valparaíso y, de hecho, eso es lo que tengo más armado para publicar próximamente.

 

Twitter e Instagram: Dan_hidalgo

Facebook: “Manual para robar en el supermercado”

 

Por Erika Cabrera

Fotos: Felipe Montalva.

 

 

 

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