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Eat the Elephant

A Perfect Circle

Lun 14 mayo, 2018 - Diego Montanari
Etiquetas: A Perfect Circle Eat The Elephant Pablo Rebolledo Bañados
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En 14 años muchas cosas han pasado, misóginos y racistas se han tomado el control del mundo y la división ideológica de la sociedad ha tomado un rumbo distópico y crítico. Estas características apocalípticas no son ajenas en el mundo de las fanbase (base de fanáticos), que independiente de los cambios o mejoras del sonido que una banda predilecta pueda lograr, están dispuestos a destrozar en críticas si su satisfacción no llega a ser saciada. A Perfect Circle se ha convertido en una alternativa de espera para el proyecto paciente y eterno que es Tool, y al menos su frontman Maynard James Keenan ha sido directo y odioso frente al temporal de especulaciones que esta provoca. Sin fines de encantar, pero con el interés de encontrarse consigo mismo, “Eat The Elephant” es una contraparte reflexiva y bella, que no teme en convertirse en una apertura de mente melódica y menos pesada, sin dejar ese lado explosivo y provocador en algunos temas. 

El tracklist consta de 12 canciones, cada una marcando como un capítulo en su enfoque y producción. El primer acto partiría con la tonada homónima y ‘Dissillusioned’, dos piezas musicales frágiles e indelebles, que se contienen por la emotividad y la precisión de sus compases, entregándonos una calidad vocal y soberbia de parte de Maynard, acompañado de un sublime trabajo instrumental que envuelve e hipnotiza en sus transiciones. Mientras avanzan estas melodías, la fibra emocional se fusiona con la modernidad de su producción, desenvolviéndose en total naturalidad. El misterioso sonido de las arpas son la apertura para el que sería el segundo acto, siendo ‘The Contrarian’ una apertura introspectiva que va sumando diferentes sensaciones, insertando la complejidad característica del grupo. La canción va en una sola línea en momentos, pero la letra va creando instancias en donde los versos anticipan cambios importantes. Mientras la oscuridad se conforma con avanzar tranquilamente, las palabras “Hola, él mintió” (Hello, he lied) son el punto de marcha para el encuentro explosivo, rompiendo con esa ilusión tranquila del tema. Con ‘The Doomed’ el juego se da vuelta, avistando el lado primitivo de la voz como también de la distorsión, entregándonos la furia y progresión que engancha desde el comienzo con la constante maquinaria de la batería apuntando a un desenlace destinado por una fuerza inminente que -con calma y paciencia- va atacando con más potencia en el transcurso.

 

 

Pero como si de patrones o capítulos se tratara este LP, la banda empieza a arriesgarse con su espectro, y darle toques más alegres. ‘So Long and Thanks for All the Fish’ es una pieza motivadora y agradable, tan así que el mismo Keenan aseguró que la gente lo iba odiar por haberla creado. Pero el mensaje detrás es lo más bonito de todo, siendo un tributo a todos los ídolos de la música que dejaron nuestro mundo hace dos años, con Bowie y Prince en la primicia. Dado así, el tercer acto es conformado por ideas de superación y comprensión, con ‘Talk, Talk’ pareciendo un tipo de balada agridulce a la introspección, e incluso definiendo esta como la mejor parte de todo el disco. En este mismo lapso, se atreven a cursar en mares prohibidos, e intentan empatizar con composiciones alegres y organizadas. Por ejemplo, ‘Delicious’ es una track meloso, pero no deja ser interesante en su enfoque con las guitarras acústica teniendo espacios de protagonismo emotivos, o ‘Hourglass’ siendo una muestra de electrónica y rock movida, que. La última etapa es totalmente experimental, y reúne todas las aristas que A Perfect Circle a decidido abrazar en su trayectoria. Un punto a llevar a cabo también son las letras, a veces parece ser un poco exagerado- o flojo- el hecho de demorarse casi 14 años en escribir las palabras que darán sentido a los ruidos o efectos, pero ahí reside la construcción de una canción, en lo que todos escuchan y fácilmente pueden entender.

APC se despacha un disco para la posterioridad, con una fidelidad ideológica que da frutos, y nos entrega la versión más indeleble del supergrupo. El círculo está más conectado que nunca, y al menos la espera temía a ser una con los aires de cambio, sin dejar ningún anhelo o pensamiento de lado-y al menos así- entregarnos un álbum lleno de humanidad y sentimientos, con sus sonidos impredecibles y sin ganas de estancarse. Es una creación poética con los tiempos de ahora, y dispuesta a seguir evolucionando sin importar cual sea la consecuencia. Así es la vida, y al menos así lo pretende “Eat The Elephant”.

 

Pablo Rebolledo Bañados

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