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Gigaton

Pearl Jam

Sab 28 marzo, 2020 - Diego Montanari
Etiquetas: Gigaton Pablo Rebolledo Bañados Pearl Jam
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El homónimo (2006), Backspacer (2009) y Lightning Bolt (2013), por un rato en tres discos el quinteto más importante del movimiento cultural de Seattle, Pearl Jam, volvía al ruedo después de tragedias inmensas (Roskilde 2000) en contexto de su álbum más experimental, Binaural (2000) y de los montones de vapuleadas que les llegó con las letras políticas vertidas en Riot Act (2003) después de tales hechos. Volvían a ser rockeros, a tener una fórmula imbatible de estadio, que después en sus recitales era replicada de manera sónica y enérgica, pero ¿eso es realmente lo que querrían? Lo más posible es que si, soltar todo, dejar las pretensiones, volver a esa juventud rockera con la cual intentaron contra-atacar a una industria musical dominada por el dinero (Ticketmaster) y hacer justicia para sus fanáticos. Pero la realidad es que de a poco avanzaba la discografía, los temas se volvían monótonos o predecibles.

7 años pasaron con giras en donde visitaron nuestro país en dos ocasiones muy especiales e íntimas durante el 2018, y bueno, la situación del mundo, de su país con Donald Trump demostrando que la estupidez te puede llevar al poder, y el cambio climático, pues no podían mantenerse en esa nube de comodidad como la que hubo para ellos durante la época de Obama. Era momento de decir algo, de abrir esa caja creativa y crítica, adentrarse en lo hecho y por hacer. Es así como anuncian “Gigaton” con temática respecto a los glaciares y al medioambiente.

Lanzan “Dance of the Clairvoyants”, prueba de fuego legitima que dividió a los fans, pues el experimento iba de verdad, David Byrne y Bowie se metían en las instrumentales de la banda y en la voz de Eddie Vedder, trayendo consigo algo que no hacían hace mucho tiempo, renovar su sonido. Bailable, interesante y con mucho funk, pues el grupo no estaba optando por un dad-rock, sino por algo más fresco. Después vino una más clásica y guitarrera en esencia, “Superblood Wolfmoon”, que tenía la fórmula aplicada, tema punk rock con el sello de Stone Gossard en la rítmica con un solo de guitarra de Mike McCready aplicando tapping a lo Van Halen. El panorama era muy incierto, se la jugaron con dos sencillos que eran opuestos. Excelente jugada.

Obviando los dos sencillos, para así saltarnos el orden, pues el inicio con “Who Ever Said” es retumbante, incendiario y te anticipa para un tema con esos matices que hicieron a Pearl Jam una gran banda en sus inicios. Guitarras vacilonas y rabiosas, bajadas que después te hacen subir para seguir pegando, y una manera directa de decir que el lado más potente de la banda obtuvo un lugar acá, pero lo más importante, tenemos todos los detalles siendo una fuerza continua. Un arranque que hace tiempo no se les sentía en total inspiración.

Con “Quick Escape” tenemos una canción rockera y novedosa, tiene esos filtros de batería que se entienden toda la canción, en donde Matt Cameron entra con una fuerza que no se le sentía en Pearl Jam anteriormente. El bajo de Jeff Ament predomina con dureza, mientras el riff y el solo van haciendo una pega impecable con efectos más noise cercano al final. Es un temazo por donde se le vea, contiene una estructura y juego de ambientes que nos preparan para las siguientes canciones, como también una de las letras más crípticas de Eddie en mucho tiempo, hablando de buscar un lugar donde “Trump no la haya cagado de nuevo”.

En misterio y ambientes oníricos, pues se da vuelta al sonido propuesto por una canción que nos hace recordar a los infravalorados sonidos que alguna vez trataron de crear en Binaural, pues con “Alright” obtenemos el primer vistazo a experimentos sonoros espaciales del disco, en donde la mezcla de la acústica y la intimidad vocal de Eddie van creando un viaje introspectivo y fascinante. Es como un descubrimiento a otro horizonte, en donde incluso se percibe como un camino mucho más explorativo. Los coros en conjunto, los efectos cetáceos de la guitarra van creando una experiencia por sí sola. Ahora, “Seven O´Clock” es una joya, es un tema que belleza tiene de sobra, con un bajo hipnótico y una modalidad mucho más sentida de un Vedder relator, y es que la canción se muestra como una de las cuantas baladas que el grupo ha ofrecido en otras ocasiones, pero a medida que el tema avanza, pues es una avalancha emocional que te envuelve en una nube poderosa. Todos los efectos y narraciones sonoras van creando una aventura que a la banda no se le veía desde hace muchos años.

 

 

Volvemos al rock en las canciones “Never Destination” y “Take The Long Way”, que claramente son las clásicas composiciones directas que la banda siempre ha sabido aplicar en conjunto, con esa faceta más rocanrolera de Eddie Vedder, y la autoría guitarrera de Gossard basada en la simpleza y la ejecución. En la segunda mencionada, el que se vuelve protagonista con una performance brillante, pues es Matt Cameron, al parecer al fin aprovechan la habilidad técnica del histórico batero de Soundgarden, y acá la marcha la marca él todo el tema.

Ahora, en el tema de composiciones más llamativas, “Buckle Up” juega con unos arpegios hermosos que van siendo interceptados por un contratiempo, mientras también percibimos una inspiración vocal de los años más felices de The Beatles. Pues uno se siente sumergido en un cierto tipo de desorden de estructura, mientras el bajo va repartiéndose la pelota con la guitarra, esto en algo que suena simple, pero es complejo. A lo que le sigue una exposición clásica y acústica, “Comes Then Goes” son 6 minutos de desplante bluesero-folk a la perfección, en donde esos acordes nos recuerdan a los pasajes más tradicionales de la carrera solista de Vedder, como también a los unplugged que hicieron en el transcurso de su carrera.

“Retrograde” te eleva y te hace volar, y es que, a este punto, la banda supo hacer alegoría de sus recursos con tal de crear un momento de éxtasis que al final se mezcla con los coros de iglesia que Eddie va surcando con toda la catarsis de sintetizadores, pedales y varios elementos. Ya con “River Cross”, tema que fue tocado anteriormente por el vocalista en sus giras solistas, pues nos encontramos en un final enriquecedor y nostálgico.

Este disco es claramente el más inspirado, honesto e inventivo que han creado en harto tiempo, es claramente el mejor que han hecho en años, y por una sola razón: unidad. Una banda como lo es Pearl Jam sabe que tienen trayectoria, respeto y vivencias, como si de una necesidad se tratase, pues acá por fin percibimos una fuerza de 5 músicos expertos haciendo un equilibrio entre la madurez y el descontento. “Gigaton” es el álbum que el grupo necesitaba para validar su puesto como uno de los grupos más importantes del rock, esto con ideas arriesgadas y tomando lo mejor de cada uno.

 

Por Pablo Rebolledo Bañados

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