Iron Maiden chile

Iron Maiden en el Estadio Nacional: “Del Legado a una tradición contra cultural”

Última parada, Estadio agotado y un setlist que no envejece nunca. Iron Maiden cerró su gira de “Legacy of the Beast” con un show grandilocuente y lleno de recursos espectaculares.

Mie 16 octubre, 2019 - Diego Montanari
Etiquetas: Iron Maiden Pablo Rebolledo Bañados
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“Maiden es una banda satánica que rinde culto al demonio” exclama un tal Padre André Pierre en Twitter, como si sus peticiones sacadas del año 92 fuesen a convertirse en realidad en un país mucho más tolerante con la cultura del metal. Claro, una queja anticuada y totalmente prejuiciosa, que pasado los años, sigue cobrando vida junto a las constantes visitas del grupo el cual se le negó su entrada en la década de los noventas, esto por su “satanismo”. Iron Maiden ha tenido una muy dulce venganza después de lo acontecido, ocho veces han tocado a recinto lleno en nuestro país, y con una garra férrea que sigue más fuerte que nunca. El anuncio de la gira del “Legado de la Bestia” prometió con lo que cumplió, cerrar la gira en la tierra más fiel y ruidosa de su historia, en los interiores del Nacional, en un sold out que se convirtió en  tradición.

 

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La introducción cinematográfica cortó la cinta infernal, mostrando todas las etapas de su mascota endemoniada, Eddie, mostrando al icónico monstruo con el uniforme de guerra listo para las trincheras, a lo que seguido reaparece su versión azteca, arrancándose su corazón de raíz en modo tribal. El ritual comenzó a retumbar, y con Doctor Doctor, el grito de guerra en suelo chileno volvió a renacer desde la cancha hasta las repletas galerías que iban dispuestas a morir en el campo de batalla. Con toda la maquinaria de la segunda guerra mundial, y hablando de los bombardeos mortales, Bruce Dickinson salió a escenario con su tropa para arrancar con calidad y espectacularidad, tocando las crónicas de guerra de “Aces High”, con un avión que voló por la cima del escenario, mientras los fanáticos trataron de alcanzar la cima con la nota alta de Bruce.

Y ese detalle es el infaltable en un concierto de la Doncella, es que toman el rasgo narrativo a un nivel superlativo, volviéndola una experiencia que derrocha carisma, potencia y dramatismo en componentes épicos. Con la gira del Legado, lo que nos viene a reafirma siempre es la vitalidad de un grupo del cual se ha dicho todo en Chile. Bruce Dickinson, es el frontman más prendido, y la voz con mayor cuidado que existe en la historia del metal, para que decir la presencia de actitud que Steve Harris también evoca desde su carrera hípica de 4 cuerdas. La tripleta de guitarristas, es el show aparte de toda esta comarca de la bestia desatando el poder en la tierra, Adrian Smith, Dave Murray y Janick Gers siempre serán los jinetes principales de esta aventura, robándose las miradas sea por sus acrobacias con sus instrumentos, o por ser creadores de los momentos más bullangueros de la jornada. Esto, sumado a Nicko McBrain siendo el batero colonial en esta pelea entre la historia y los relatos fantásticos.

 

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Lo más curioso, es que lo nombrado en el párrafo anterior, de verdad podría pertenecer a cualquier recital que Iron Maiden ha otorgado en Chile, y al parecer, del común de los vivientes, esto llegaría a ser algo tedioso o predecible. Pero al igual como viejas y viejos conservadores siguen velando por sus creencias fanáticas y absurdas, asumiendo un satanismo, pues años después, el grupo sigue levantando el gran dedo del medio a toda una cultura dedicada a satanizar los movimientos más masivos de la cultura. No importa cuántas veces suene The Number of The Beast con sus fuegos infernales y gran descripción de la pesadilla misma, o de los eternos cánticos en Fear of the Dark, coreando todas las guitarras del hermoso tema sobre la obscuridad. Nunca fallará el remate de Run to the Hills como broche de oro, ni menos al robot Eddie apareciendo para luchar con los integrantes en The Trooper, este mientras está siendo acribillado por Bruce y una pistola con la bandera chilena.

 

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También hubo lujos para los más viudos de la etapa con Blaze Bayley, al haber tocado Sign of the Cross del incomprendido disco, The X Factor, esto sumado al despliegue fenomenal y profesional de todos los escenarios que se fueron compartiendo durante todo el concierto. Para Flight of Icarus, en un minisegundo, el ángel en sus alas ya estaba posicionado mientras el grito de guerra iba siendo cantado con pasión. Como también las cruces con iluminación y la cara del diablo mismo marcando presencia en el stage superior del lugar, con tal vez el despliegue más memorable que los británicos han otorgado en alguna gira.

 

La sentencia es fija, la bestia siempre será una cultura adherida a nuestra sangre metalera, y todas las subculturas que derivaron de esta. Maiden es una religión que nunca ha discriminado, que permite que nuevos oídos tengan su oportunidad de disfrutar, para crear una nueva instancia para seguir creciendo este culto. 360 mil asistentes sumados en todas sus visitas, no es sorpresa, pero mantener esa euforia después de más de 30 años es un don. Y el cerrar esta gran gira en Chile fue el regalo por la lealtad más grande que existe: el metal y el rock.

 

Por Pablo Rebolledo Bañados

Fotos: Jaime Valenzuela 

 

 

 

 

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