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Jorge Baradit: “Agradezco el cariño y me da lata el odio”

El escritor nos habló de sus gustos, del éxito y de sus nuevos proyectos

Mie 10 febrero, 2016 - Diego Montanari
Etiquetas: Erika Cabrera Historia Secreta de Chile Jorge Baradit
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El fenómeno de “Historia Secreta de Chile” lo ha convertido en el autor del momento. Publicado en el 2015, el oriundo de Valparaíso desmitifica a próceres como Bernardo O’Higgins, destapa el espiritismo de Arturo Prat, revela el fallido intento de la UP por crear Internet en los 70 y ahonda en el misterio del Cristo de Mayo, entre otros episodios. En total, son doce capítulos bizarros que esconde la historia de nuestro país. Un lado B cuyas respuestas están en este libro y que suceden al éxito alcanzado por Baradit anteriormente con sus publicaciones de ciencia ficción.

 

Luego de un 2015 agitado, ¿qué proyectos contemplas para este año?

-Yo, el año antepasado, comencé con “Historia Secreta de Chile”, que en realidad es un proyecto bastante más amplio. De hecho, este año se saca “Historia Secreta de Chile 2” y no por el éxito que tuvo el primero, sino porque siempre se pensó como una trilogía o como una serie de dos libros a lo menos. Entonces, durante el 2016 voy a estar completando esa segunda parte y si las cosas van bien, empezando la tercera. Pero, insisto, siempre estuvo planificado de esa forma.

 

¿En qué etapa te encuentras del segundo libro?

-En la mitad, así que estoy atrasado. Es que el libro tiene que entregarse a fines de abril, porque se lanza en julio y yo estoy en la mitad del proceso. Igual va encaminado pero, a esta fecha, debería haber estado bastante más adelantado.

 

¿Seguirá la línea del volumen uno?

-Esta segunda parte tiene un sesgo un poco más político. Profundiza en paradigmas políticos recurrentes chilenos y, quizás, la tesis en este segundo tomo, es que Chile está constantemente pasando por los mismos procesos, una y otra vez. O sea, igual es un libro que es fácil de leer, que es divertido y que busca ser de divulgación accesible. Ese es un objetivo desde el inicio y, aunque he recibido en ese sentido algunas críticas de historiadores que no están muy conformes, la verdad es que tiene ese objetivo. Es un libro que quiere ser masivo, que quiere ser popular, que quiere ser un puente entre grandes relatos y que sigue el modelo de capítulos cortos, accesibles, entretenidos y que te deje preguntas para que tú las busques. No es que sea un libro poco profundo, pero tiene que ser de esa manera.

 

Y, sin duda, implica un trabajo acucioso de investigación y bibliografía.

-Claro que sí. Pero para destilar un texto accesible, para que el resultado final sea masivo.

 

¿Te complica la vara alta que dejó el primer libro? ¿Cómo enfrentas ese escenario?

-No tengo ningún problema y si al libro le va más o menos, bueno, será. Uno hace las cosas que quiere porque es feliz haciéndolas; entonces, si el libro queda mejor o no tan bueno como el anterior, no es un tema que me quite el sueño para nada.

 

¿Tampoco sientes una presión por parte de la editorial?

-No, porque este es un trabajo que tiene objetivos personales y editoriales más allá de las ventas. Además, lo peor que podríamos hacer, es intentar repetir el modelo del primero. Este segundo tiene sus objetivos propios, sus historias propias y va a estar tan entregado al árbitro público como el anterior.

 

Cuando publicaste “Historia Secreta de Chile”, ¿esperabas el éxito que alcanzó?

-No, para nada. Con ese libro teníamos pensado vender 5 mil ejemplares en su vida útil de un año, cuando en realidad vendió 60 mil en seis meses.

 

No imaginaste el impacto que generaría.

-O sea, lo que había era una pequeña certeza de que al libro no le iba a ir mal. Que le iba a ir bien, pero en términos normales. Sin embargo, considerando que en Chile un libro exitoso agota su primera edición de 3 mil ejemplares en un tiempo razonable, esta cuestión se salió de todo marco histórico editorial chileno.

 

A propósito de la exposición que eso ha conllevado, ¿qué ha pasado contigo a nivel más interno? ¿Ha cambiado tu vida en algún aspecto?

-No. Evidentemente con la familia es lo mismo, con mis amigos es lo mismo y estoy con los pies súper bien puestos en la tierra. Lo que pasa es que uno crece como figura un poco de la casa hacia afuera y, ¡claro!, ahí estás expuesto a que cualquiera se sienta con derecho de ningunearte, copiarte o quererte. Sin embargo, cuando tengo que salir en televisión o dar una entrevista en algún diario, la doy desde lo que sé no más. Si no hay nada peor que tratar de ser lo que uno no es y yo soy esto. Conozco esto de historia, lo relato de esta manera, así lo hacía hace seis años en un podcast con Pancho Ortega y ahora lo hago para televisión abierta de la misma manera. No hay mayor cambio.

 

El cambio tiene que ver con la respuesta, entonces.

-Claro. Hay gente que repentinamente te odia, que no te conoce, y gente que repentinamente te quiere y que tampoco te conoce. Yo agradezco el cariño y me da lata el odio, pero no hay nada que hacer. Es así. Es la condición humana. Cuando alguien saca la cabeza un poquito, parece que la gente no puede resistir la tentación de tirarle un piedrazo porque sí.

 

Y así lo asumes.

-No queda otra. Bueno, a nadie le gusta que lo traten mal y a todos nos gusta que nos traten bien. El punto es que no hay que volverse loco con ninguna de las dos. Además, quizás esto va a durar un año, el libro va a bajar y yo voy a volver a mis cosas normales.

 

¿Has pensado que eso podría ocurrir?

-¡Sin duda! Además, no es que yo esté buscando el éxito mediático. Hay gente que se pasa la mitad de su vida en eso y por el esfuerzo consiguen mantenerse. Porque en esto hay que flotar, es como el agua y, si tú no haces nada, te hundes. Sin embargo, para mí esta cuestión es un regalo súper bonito y, mientras dure, va a estar bien. Y después ya no va a estar nomás.

 

Tu interés por la historia viene desde niño. Has contado que tu padre, siendo chofer de la Universidad Católica de Valparaíso, te llevaba libros que guardaban en el mismo galpón donde él estacionaba.

-Sí. De muy chico tuve exceso a libros bien heterogéneos, entre ellos, libros de historia y la afinidad que tuve con el tema fue más o menos inmediata. Yo he revelado otras veces que de la historia, así como de la literatura fantástica o de la mitología, me gustaron mucho las magnitudes. Eso de los grandes ejércitos, continentes completos y situaciones muy amplias, como pueblos atravesando un desierto durante cuarenta años, por ejemplo. Grandes procesos sociales, mitológicos o religiosos y por ahí entré. Además, me marcó fuerte la idea de ver la historia como un relato, antes que de cualquier otra forma.

 

¿Cómo una novela?

-Claro. Es que finalmente el historiador igual fabrica la historia según su punto vista. Por ejemplo, si mostramos una foto de La Moneda bombardeada, que es un hecho y un dato histórico concreto, un tipo del PC y un tipo de la UDI te van a contar una historia completamente distinta y quizás los dos tengan razón.

 

¿Con qué criterios recopilas tus relatos?

-Lo que pasa es que, desde chico, al ser mi acercamiento desde el valor narrativo de un evento, fui coleccionando en la cabeza un montón de momentos históricos que eran entretenidos, algunos anecdóticos, otros profundos, pero todos con un impacto y una fuerza narrativa. Entonces, cuando nos pusimos de acuerdo con la editorial para hacer el primer libro, me pidieron que les mandara unos cinco temas, pero yo me senté y escribí treinta y cinco.

 

¿Y cómo fue la selección?

-Lo que hubo ahí fue una intención política detrás. Descubrir que detrás de los eventos históricos, de su tergiversación o de su manipulación, había una intencionalidad política clara y, por lo menos, la tesis va por ese lado. Entonces, la diferencia con otros anecdotarios, porque anecdotarios hay muchos, es que en “Historia Secreta de Chile” hay una intención de lectura política en el trasfondo. Pero política no en términos ideológicos puros, sino que en dilucidar, quizás, las dinámicas históricas, vistas de otra manera.

 

¿Quedaste conforme con el primer libro publicado?

-Conforme-conforme, sí. Feliz, no.

 

¿Por qué no?

-Porque me habría gustado un tiempo mayor de macerado de los textos. Me habría gustado tenerlos un rato más en la carpeta del computador y haberlos revisado muchas veces más. Este es un libro que salió muy rápido; nos demoramos unos seis a ocho meses en escribirlo, en todo el proceso. Entonces, es muy fregado y doloroso después verificar que hay una frase que podrías haber escrito mejor o que hay una coma donde debería haber un punto seguido. Me habría gustado un poquito más depurado, así que estoy conforme nomás por ese lado.

 

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Hablemos de influencias, ¿cuál es la música que más te ha marcado?

-En términos pop, mi mundo viene por el rock, por “Pink Floyd” y por el punk del lado más de “The Clash” que el de los “Sex Pistols”. Me interesa la fuerza en el rock, la fuerza comunicativa. Me interesa “Nine Inch Nails”, pero también me interesa en otro sentido lo que hacía David Bowie. Me da mucha lata y he lloriqueado muchísimo en redes sociales, porque debe ser una de mis principales influencias. Quizás, no en términos musicales, pero sí en la actitud frente a la creación. En esa capacidad que tuvo de unir la vanguardia artística con el pop más chicle de todos. Él supo construir productos súper pop, con materiales de arte y vanguardia, y eso es único.

 

¿Y tus referentes en el cine?

-Hay de todo, pero me interesan los tipos que son capaces de utilizar el cine para romperte la cabeza. Un tipo de la naturaleza de David Lynch, o gente que es capaz de, a través de la realidad más pura, dura y cruda, mostrarte la demencia de esa realidad. Como por ejemplo, Werner Herzog.

Por otro lado, también eres fan de “Star Wars”.

-Sí, pero eso responde quizás a otro mundo. Es como si me preguntaras por comida y, ¡claro!, los chilenitos son ricos, pero ciertamente no van a salir en una lista de gastronomía gourmet… Es que “Star wars” a mí me interesa como construcción mito-poética.

 

¿En qué sentido?

-En la posibilidad que tiene un mito profundo de convertirse en construcción pop y ahí también es donde dejo a mi cabro chico interno que corra libre, y que no se pregunte si es buen o mal cine. No, ahí lo disfruto y es como tomar Coca-cola. Es rico, es la raja y no me importa si es buena o mala.

 

¿Te pasa lo mismo con “The X-Files”?

-Sí, pero en menor medida. Lo que pasa es que, todo lo que explotó en los “Expedientes Secretos X” en los 90, eran materias que yo había digerido desde otras áreas. Yo había leído desde “El retorno de los brujos” de Louis Pauwels y Jacques Bergier; hasta las lecturas esotéricas de los procesos sociales como el nazismo o los Ufos con Charles Berlitz. Para mí, todas esas eran materias muy antiguas, entonces, cuando las vi en la tele no me rompieron la cabeza ni mucho menos. Eso sí, fue entretenido ver que, de ser algo muy marginal y muy trash, de repente pasaron a ser protagonistas de la escena.

 

Y volviendo a lo tuyo, ¿algún adelanto sobre tu libro más próximo?

-Bueno, son pasajes que la gran mayoría de la gente no conoce. Se supone, además, que va a ser un grupo de historias interesantes que arrojen luces sobre la historia de Chile y algunos procesos que son medios oscuros para el común de la gente.

 

¿Tus expectativas?

-Yo espero que el libro ande bien. Que a la gente le interese y que lo disfruten.

 

Por último, ¿se viene algún nuevo proyecto de ciencia ficción?

-Sí, pero eso ya está proyectado para el 2017. Vamos con calma.

 

 

Por Erika Cabrera.

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