Nadie sabe que estoy aquí: “La voz está en el cuerpo”

Primera película chilena de Netflix

Jue 23 julio, 2020 - Diego Montanari
Etiquetas: Gaspar Antillo Jorge García Nadie sabe que estoy aquí Netflix Pablo Larraín Pablo Rebolledo Bañados

La historia de Memo (Jorge García) es una muy particular, nació con la voz de un ángel y el carisma para comenzar una carrera exitosa en la música, pero desgraciadamente para una industria que llena de imágenes y mensajes subliminales en sus intenciones comerciales, pues él no cumplía con tener el look para “conquistar” niñas pequeñas en sus años de pubertad.

Memo se quiebra, se convierte en una duda andante donde -como una condena para toda la vida- debe sostener el peso de que su voz tuvo que ser utilizada para darle la fama a un pequeño joven que era el estereotipo de ídolo juvenil para jovencitas, y verlo a él triunfar. Como cada burbuja de memoria que se esparce en el insomnio, como también en las pesadas mañanas que cada mente golpeada debe afrontar, este personaje ahora se esconde en las bellezas ambientales del sur de Chile, donde las emociones más abstractas cobran vida en una mezcla de penas y secretos.

El sur de nuestro país es una laguna de emociones encontradas, en donde la tranquilidad y el caos conviven al unísono, siempre tratando de crear escenarios sublimes. “Nadie sabe que estoy aquí”, dirigida por Gaspar Antillo y producida por Pablo Larraín, toma la iniciativa de potenciar totalmente los paisajes genuinos y hermosos que esta zona del país otorga gratuitamente a sus pobladores y al mundo, creando una obra que en su mayor parte es contemplativa de su historia. Utiliza las sombras y las noches como espacios de pensamientos, en donde también realza el rojo como un color que hace shock cuando la armonía se quiebra frente a una eventualidad, al igual como nos hace el contraste de la magia que se pierde cuando el escenario se muda de los lagos a la ciudad de jungla en su desarrollo.

Si bien la premisa tiene material para ser un drama mucho más genérico o hollywoodense, pues respeta totalmente la visión personal de sus directores para retratar una narrativa que la verdad solo depende de la interpretación de sus espectadores. La cotidianidad de los habitantes de la locación escogida, como sus diálogos, son demasiado simples y complementarios, en donde un “¿Cómo te has sentido?” el cual podría dar para grandes frases, es reemplazado por un cortante “Ya era, avanza nomás”, simplemente dando a conocer que las palabras acá simplemente aterrizan la historia propuesta.

El guión, aun así, queda al debe. Acá las palabras son un acompañamiento, en donde se deja claro que los reales relatores acá son los paisajes y las localidades en donde van trasladando esta complicación interna del protagonista.

El primer largo metraje chileno de Netflix es uno muy enriquecedor para los que disfrutan y suspiran con los alrededores y detalles que suman a la trama, mientras que, para los más familiarizados por las conversaciones eternas, pues costará digerir o ver con motivación este film. Cumple con ser una gran producción con una visión artística estable.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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