Petals For Armour

Hayley Williams

Lun 25 mayo, 2020 - Diego Montanari
Etiquetas: Hayley Williams Petals For Armour Valentina Armijo

 

 

Por mucho tiempo Hayley Williams dijo que jamás sería sin sus compañeros, sin Paramore. Pese a que lo dijo en repetidas ocasiones, esta producción discográfica se vio como necesaria para Williams. “Petals For Armor” fue escrito con fines terapéuticos desde un principio, no con propósito comercial, aún así, tiene intención. Pétalos como Armadura fue lanzado en tres partes y es que se vuelve claro: ha sido un largo camino de iluminación.

 

En esta ocasión escuchamos a Hayley Williams por completo y de forma muy orgánica. Desde el inicio la cantante marca el tempo con vocales y respiros hasta que arranca definitivamente el primer tema. De inmediato podemos darnos cuenta de su compromiso y lo pensada que está la canción con la que abre “Petals For Armor”, su debut como solista. Con “Simmer”, canta sobre la ira y a la vez sobre la misericordia. En su coro hace referencia al título del ábum, aludiendo a que la mejor manera de enfrentar lo fuerte, lo duro, es calmarse y dejar su invasión. Su batería y su bajo ambientan un misterio que solo puede continuar siguiendo la voz de Hayley.

Repentinamente “Leave It Alone” es una canción bastante cruda y al mismo tiempo cálida. Introspectiva y personal. La guitarra y la voz suave de Hayley colaboran amenamente. También existe una fuerte y leve presencia de batería y violines orquestales que indican la maduración instrumental que tomó lugar.

Con “Cinnamon” nos liberamos de manera diferente, más vibrante. Y conocemos más de la experimentación que se apoderó de este disco. Según Williams, es una oda a su hogar, su rutina diaria, su perro. El arte de hacer un hogar, donde puede ser ella misma, donde puede ser libre, tal como en este álbum.

Hablando de, “Creepin” además del uso del sonido de la lluvia, utiliza el recurso de una una voz robótica acaparando más espacio, enfatizando su mensaje. Reclama su poder en la letra, en la historia y en la pieza musical.

Comienza con una guitarra engañosa que parece triste y una bateria misteriosa, y lo es porque en “Sudden Desire” pareciera tener una urgencia de conectar nuevamente con alguien de forma romántica. Cierra con fuerza la primera parte de este EP y de buena manera: si esperabas los gritos sellos de ella los consigues en este track.

 

 

La segunda parte de PFA profundiza de forma más íntima. Seguimos con “Dead Horse”, probablemente la canción más personal hasta ahora. Hayley Williams deja claro que no tiene miedo a ser vulnerable y compartir sus dolores y vergüenzas. Revela estar en una depresión hasta admitir haber sido la otra mujer. Es una gran canción porque pese a que probablemente son letras muy oscuras, junto a la música se crea un balance melódico alto, energético, que demuestra un crecimiento de lo vivido.

 

Pasamos a algo más tranquilo con “My Friend”, una oda a Brian O’Connor, uno de los mejores amigos de Hayley. Dejar que alguien te vea de todas sus formas es algo peligroso, pero no en este caso. Es una canción bellísima. Ni siquiera de amistad, sino de amor. Es una balada progresiva agridulce, en letra y melodía.

 

Afortunadamente la energía es potente continuando a “Over Yet”, una poderosa canción a pesar de estar hecha a base de la depresión sufrida por la cantautora. Su musicalización es aquella que finalmente le da vigor al tema. Es una canción punk rock con vibras ochenteras motivacional, como para llorar, pero bailando. Cuerpo al bonzo, es el mejor coro en cuanto a letra y musicalización en este disco. Su final es algo repentino, aún así una de las mejores producciones de Hayley Williams/Taylor York.

En terapia, la cantautora reveló que se le venía a la mente una visión recurrente en la que era asquerosa, estaba cubierta de mugre y se encontraba llena de enredaderas y flores. La idea está plasmada en “Roses/Lotus/Violet/Iris”, una historia sobre cómo, a veces, las mujeres se dejan llevar por la envidia, por la carencia de amor ajeno, y olvidan lo fuerte y salvajes que son. Lo femenino puede ser débil y frágil, pero ninguno de los dos es negativo, como pronto es elocuente en las vocales arremolinadas, inmensamente densas, luego un tenuo violín. Tiene como invitadas especiales a Boygenius. Su final es nada menos y más que espectacular. Es mágico.

 

Continuamos floreciendo y saliendo del barro con “Why We Ever”, una balada sobre el querer reconectar con el pasado. Resulta un poco engañosa, inicia esperanzadora pese a que el piano y la bateria tienen un aire de derrota. No es triste pero no pasa mucho tiempo hasta que las letras se ponen crudas. Es asombroso como cuanto más fuerte la letra es, la música trata de ser la más grande. Se vuelve más robusta pero aún logramos escuchar la delicada voz de Hayley hasta que se disipa.

 

Comenzamos y terminamos la tercera parte de PFA un poco más de vigor. Es un poco sorprendente o quizás desconcertante oír canta a Hayley sobre el amor con tal vitalidad. “Puro love” es tal como lo dice la canción, amor puro. Un himno con vibras antiguas, como de los noventas. Trata sobre volver a querer de nuevo, de estar lista para lo que toma y lo transmite: es eléctrico. Hasta Hayley ruge un poco. Permanecemos en la frecuencia con “Taken”, pegajosa, tipo pop-ish. Habla sobre no estar disponible por estar saliendo con alguien más y ese alguien más también está tomado. El teclado y el bajo se divierten tal como se nota en la voz de la cantante. Pasamos al atrevimiento con “Sugar On The Rim”, una metáfora para darle sabor dulce a algo amargo. Apunta a que está con alguien y haber vuelto al amor, que aunque una vez le hizo mal, esta vez puede darle algo bueno. Es una de las canciones más experimentales en este álbum y en la trayectoria de Williams. Muy bien hecho. Tiene un tempo similar al track anterior, pero en este muchísimo más lejos.

 

Liberación pura es un poco de lo que se puede decir de “Watch Me While I Bloom”. Es la temática del disco -según yo- y la penúltima canción de este EP. “Estoy viva a pesar de mí” no suena patético en absoluto, es crudo y audaz. Es una canción en la que se habla a quien se atreva y a ella misma con la letra “quieres ver dentro de mi, veme mientras floresco” y “tú tienes harto para aprender”. Es una mutación de funk (leve), pop, jazz optimista. Aquí brilla.

 

Finalizamos con “Crystal Clear”, una balada de crecimiento absoluto. Comienza con una realización melódica, los sintetizadores están aturdidos y poco después se hacen presenten tambores, aunque no poder mucho. El retumbe antes de que empiece la batería advierte preparación, algo está por venir: es la voz de Williams. En los versos su voz se balancea con pesadumbre hablando de traumas románticos para luego alivianarse en el coro, cumple con remitirse.

 

 

 

“Petals For Armor” es un repertorio de himnos, de ánimos virtuosamente expresados, una recuperación, una tremenda obra. Una valiente experimentación; desde usar las experiencias más personales como una nota de voz diciendo en voz alta que se tiene una depresión de la que se está tratando de salir, a explorar melodías, instrumentos, mientras no se sabe qué hacer con lo que se desea expresar. Es un proyecto muy íntimo y a la vez público. Hay múltiples personas involucradas, pero creo que la producción de Taylor York tuvo mucho que ver. Extrañé aquellas vocales estruendosas, pero hizo que me diera cuenta de que no son necesarias, la intensidad puede venir en otras formas, de otros modos. Con un matrimonio o un divorcio. También con la amistad, abrazando el poder que viene tras ser vulnerable. El resultado: una narrativa redonda.

 

Por Valentina Armijo

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