wolfmother

Victorious

Wolfmother

Mar 01 marzo, 2016 - Diego Montanari
Etiquetas: Erika Cabrera Victorious Wolfmother
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Se trata del cuarto álbum de estudio de la banda australiana “Wolfmother”. Publicado el 19 de febrero pasado, bajo el alero de Universal Music, esta placa marca su retorno hacia el sonido hard-rock de la vieja escuela. Con marcadas influencias de “Black Sabbath” y “Led Zeppelin”, “Wolfmother” debutó con su disco homónimo en el 2005, con gran notoriedad y mantuvo esa línea en su segunda entrega del 2009, “Cosmic Egg”. Sin embargo, la inestabilidad en sus componentes los estancó en su tercer álbum, “The New Crown” (2014), bajando las revoluciones que habían alcanzado con sus antecesores.

Pero no todo estaba perdido. Y es que aprovechando el décimo aniversario de su flamante debut, decidieron irrumpir con toda su artillería en esta cuarta producción. Andrew Stockdale, el frontman de “Wolfmother”, fue quien escribió todas las canciones y además grabó las voces, guitarras y el bajo. El teclado corrió a cargo de Ian Peres, integrante de la banda desde el 2009; mientras que Josh Freese (“NIN”) y Joey Waronker (Beck) fueron reclutados para la batería.

La placa discográfica, grabada en Los Angeles con Brendan O’Brien en la producción, incluye diez canciones que transitan hacia sonidos primarios paradojalmente en este nuevo impulso.“Victorious”, un álbum de piezas cortas y sin caretas, arranca bien arriba con “The love that you give”. Una acertada y poderosa carta de presentación, que en seguida da paso a la que titula a esta placa.Con 4.24 minutos -es la más extensa del disco-, “Victorious” regala una melodía rítmica y palpitante, que termina por convencer con el solo que aparece hacia el final de la canción. Continúa “Baroness”, una pista de contrastes que funciona al son de un “tonight” que se repite varias veces, entre riffs estridentes y un coro contagioso.

Entonces, aparece la primera y única balada del disco, “Pretty Peggy”. En formato desenchufado; letra, armonía y actitud se conjugan en esta pieza que explora en el lado más romántico de “Wolfmother”. Perfecta para ser coreada en un concierto al atardecer.La quinta corresponde a “City lights”. Un tema de rock directo y sin trucos, pero impregnado de la distorsión y energía que caracteriza al conjunto de Sydney.

La siguiente es “The simple life”, en la que dan rienda suelta a ese sonido que fusiona, a veces más, a veces menos, sus referentes setenteros con la identidad propia.“Best of a bad situation” es la próxima y aquí se inclinan de nuevo hacia el formato más acústico, aunque en un sentido diferente al de “Pretty Peggy”.

“Gipsy caravan” corresponde al track número 8 y al primer single escogido por “Wolfmother” para dar a conocer esta producción. Con Stockdale en su más pura expresión, este corte hace gala de un rock añejo, sicodélico y electrizante. Continúa “Happy face”, con una intro que recuerda a “Paranoid” de “Black Sabbath”. Solo una inspiración, pues la canción toma otro rumbo y se torna aún más seductora.

¿Y lo mejor para el final? Tal vez sí. “Eye of the beholder” resume a la perfección la esencia de este disco, con un sonido marca registrada. Potente, ruidosa y audaz a través de sus 3.59 minutos, ésta última cierra “Victorious” con un merecido broche de oro.En definitivas cuentas, se trata de un álbum de escucha obligada. Un registro que les abre las puertas, hacia una etapa renovada y esplendorosa, a los oriundos de Australia que siempre apuestan por más.

 

 

Por Erika Cabrera.

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