Fauna Primavera 2023 

Día 1: La vida (buena) en el parque

La décima versión del festival chileno fue anunciada en un momento crítico. Por un lado, era la segunda versión desde su reactivación tras la larga pausa de tres años (2019, 2020 y 2021). Por otro, la cancelación de Primavera Sound abrió la posibilidad para que la marca chilena aprovechara la gira de invierno de los headliners anglosajones y engrosara en sus filas un cartel potente, similar a los de sus mejores años a mediados de la década anterior.

El Parque Ciudad Empresarial asomó como nuevo recinto, luego de años en el habitual Espacio Broadway y la última experiencia en Movistar Arena. Un escenario que levantó dudas en seguidores y asistentes, tal como el Parque Bicentenario de Cerrillos lo hizo tras el anuncio de Lollapalooza el pasado 2022. ¿La conectividad de ida y regreso dará el ancho de un evento de esta envergadura? ¿Serían expeditos los excesos y la movilidad al interior del parque? ¿El espacio contará con las comodidades que este tipo de eventos requieren? Siendo Santiago una ciudad que ya suma más de una década con cultura de festivales multitudinarios, estas preguntas son esenciales y tan importantes como la experiencia social, comercial y artística que ofrece el evento.

Una de las semanas más intensas en cuanto a actividad musical en la capital, iba a ser inaugurada con la primera jornada de Fauna. Eran, por lo tanto, muchas tareas y expectativas a cumplir. La parrilla, al menos en el papel, estaba completamente a la altura de esta coyuntura.

Rubio 

Fran Straube es un nombre común en los carteles de los festivales chilenos. Sean grandes escenarios instalados por marcas multinacionales o lugares más pequeños financiados por dineros públicos, Straube ha ocupado un lugar permanente en la oferta musical nacional en distintos eventos masivos. Pero su exposición continua desde hace unos años es justificada, en esta oportunidad, por su reciente presentación en radio KEXP de Seattle y el lanzamiento de Venus & Blue, su más reciente disco.

El espacio sonoro era lánguido previo a su presentación -cortesía de un débil show de Andrés Nusser-. La apertura de Rubio -guitarra en mano- fue un golpe vibrante para el público que la esperaba en el Banco de Chile Stage. Es más, tras los primeros acordes -poderosos y fugaces-, la cantante supo congregar a las primeras masas frente a la barricada del escenario, quienes en la búsqueda de capear el calor con un poco de sombra, se dejaron maravillar por la propuesta oscura y sónica del dúo que completa con Nicolás Arancibia en batería.

con Nicolás Arancibia en batería.

Weyes Blood 

Cada cierto tiempo el mítico sello Sub Pop ofrece al mundo un artista imprescindible. Lo hizo con Nirvana, Sunny Day Real Estate y Fleet Foxes. Recientemente el nombre fue Weyes Blood, seudónimo de la cantautora y multiintrumentista norteamericana Natalie Mering. Es que cuando en 2019 Titanic Rising fue lanzado al mercado, llamó la atención de los medios de comunicación con su fórmula de composición que bebía de Elton John y Joni Mitchell, con el filtro onírico del John Lennon de Mind Games y la cadencia sedante de Mazzy Star, lo que la hizo ampliar su público y alcanzar lo más alto de las listas indie del planeta.

Con un hermoso vestido blanco brillante y anteojos de sol, la cantautora sorprendió de inmediato solo con su carisma y presencia escénica, lo que se fue potenciando en cada interacción dramática y divertida con los asistentes. Una diva indie genuina, cercana y simpática, que antes del primer acorde ya tenía al público en el bolsillo. Tras los primeros acordes de ‘It’s Not Just Me, It’s Everybody’ la sensación de que estábamos frente a un show de credenciales mayúsculas se hizo carne en cada asistente, desde sus fanáticos acérrimos hasta los curiosos incrédulos. 

God turn me into a flower’ -con una interpretación vocal estremecedora-, ‘Andromeda’ -una de las mejores canciones de los últimos años-, ‘Something to believe’ -que usó para bromear con el público sobre la astrología-, ‘Everyday’ -donde se mostró como una encarnación de Carole King-, ‘Twin flame’ -donde tomó con propiedad los elementos más característicos de Kate Bush- y ‘Movies’ -con un final emocionante acompañado de imágenes de su segunda pasión, el cine-, fueron el cuerpo de uno de las mejores presentaciones de la jornada. Ojalá verla pronto en un concierto en solitario y en un lugar más indicado para su propuesta. 

Warpaint

Warpaint es una de esas bandas que hay que ver en vivo. Si tienes dudas con su propuesta en estudio, el en vivo es la mejor oportunidad para convertirte. El cuarteto de Los Angeles integrado por Emily Kokal, Theresa Wayman, Jenny Lee Lindberg y Stella Mozgawa mostró una dosis de rock lisérgico con aura punk sonando impecables, destacando cada una de sus integrantes. La base rítmica de Lindberg en bajo y sobre todo Mozgawa en batería son un espectáculo en sí mismo. Kokal en guitarra es la seguridad que todo grupo de estas características necesita y el liderazgo de Wayman es sencillamente imprescindible. 

Desde el inicio con ‘Stars’ hasta el cierre con ‘Disco’, conformaron un set list sin puntos bajos, que entretuvo a incrédulos y enamoró de su propuesta al público flotante que a esa hora ya se instalaba en sus posiciones para no volver a moverse a la espera del plato principal. En solo una jornada del festival, Warpaint ya se perfila como uno de los mejores conciertos brindados en la medianía de la cartelera.  

Rosín Murphy 

Con un año de altos y bajos en su espalda, Róisín Murphy llega a Santiago tras siete años. Con Hit Parade, su más reciente disco bajo el brazo y polémicas por comentarios transfóbicos por los que debió pedir perdón, la artista irlandesa prometió un show equilibrado de su repertorio con canciones de su alma mater Moloko, sus éxitos solistas y sus últimas canciones.

Como era de esperarse, la presentación cumplió con los elementos que su fiel público esperaba encontrar: una propuesta de indie pop electrónico con un fuerte arraigo en los elementos propios del art rock y el diseño. Teatral, incisiva y desbordante. La presentación supo congregar a una enorme cantidad de público en el Vans Stage. 

La popular ‘Ramalama (bang bang)’ y canciones actuales como ‘CooCool’ se hicieron sentir con tesón y buen sonido, mientras ‘Sing it back’, el clásico indiscutido de Moloko, constituyó el momento más alto de la presentación.

Blur 

Actualmente Blur es una de las bandas más importantes del planeta. Su categoría es la de un clásico en buena salud, que tras su esperado retorno anunció una gira (que ha generado críticas positivas) y un discreto álbum, The ballad of Darren, que sin embargo ha sabido conciliar a sus seguidores y seguidoras.

Las noticias desde el extranjero anunciaban no solo a una banda en forma, sino un repertorio novedoso y concentrado en su mayoría en la reciente publicación, sin descuidar el cancionero clásico de los londinenses, potenciando el apetito tanto de fanáticos acérrimos, como de nostálgicos britpopers contemporáneos al grupo. El plato fuerte de la primera noche de Fauna Primavera era un concierto de la banda de Graham Coxon y Damon Albarn proyectado para dos horas. Las expectativas estaban en el cielo.

Dos canciones de The Ballad of Darren iniciaron el concierto, ‘The ballad’ y ‘St. Charles Square’, antes del primer clásico de su época noventera, ‘Popscene’. Ese tridente fue la clave de la presentación. Canciones de su último registro y clásicos infaltables, moderados con algunas sorpresas en el repertorio, como la prístina ‘Come together’ de su álbum debut Leisure de 1991, canción recientemente integrada en sus giras luego de casi dos décadas de ausencia.

Si Albarn es el líder y corazón del grupo, Coxon es el cerebro e ingeniero de la obra. La virtuosa dupla es un lujo para cualquier admirador de la música del cuarteto (y de la música en general) y el acompañamiento del brillante Alex James en el bajo y el insustituible Dave Rowntree en batería completan el cuadro de una banda longeva y madura, que aún se muestra excitante. Porque si para la última parte del concierto Albarn ya advierte señales de cansancio y pérdida de técnica, el carisma y empuje con los que afronta la labor son tan poderosos, que corrigen cualquier falla técnica (incluso la notoria desafinación de la guitarra en ‘The heights’, que lo mostró algo incómodo). Una genuina disposición que incluso le permitió advertir sobre el peligro de la extrema derecha cuando llega al poder (“Eso no es bueno”, dijo), a la vez que lucía una chapita con el signo de la paz en la solapa. O, menos político, compartir su fascinación por los chinchineros chilenos.

‘Bleetlebum’ fue el primer momento altísimo de la noche, que se replicó en canciones como ‘This is a law’, ‘End of a century’, la versión más rítmica de ‘Tender’ y el cierre con ‘The universal’ (¿acaso su mejor canción?). El público tomó el protagonismo en ‘Song 2’, ‘Coffee & TV’ y ‘Boys & Girls’, donde Albarn se encumbró en las barricadas para acercarse a los y las asistentes. Pero el momento de mayor conexión entre la banda y el público ocurrió cuando una joven fanática de nombre Carolina subió al escenario para cantar junto a Damon ‘To the end’. ‘the narcissist’, el single con el que anunciaron su regreso discográfico, también fue uno de los puntos más altos del show, escogida como la canción que anticipó el cierre después de dos horas de show. Gesto que se agradece, pues ¿Qué mejor que una banda que confía en su repertorio nuevo, aun teniendo tantos clásicos con los que levantar una presentación exitosa?

Fauna Primavera cumplió en su primera jornada, aunque con algunas dudas. La cartelera ofrecida estuvo a la altura de un festival de sus características -con excepción de la pobre y casi improvisada presentación de Nusser-, el sonido jamás bajó de un nivel impecable y la cercanía el Parque Ciudad Empresarial fue un acogedor lugar para un festival masivo (pero sin las dimensiones titánicas de Lollapalooza). Sin embargo, la experiencia de los usuarios a nivel de servicios (como zonas de comida y de alcoholes), las incomodidades severas que sufrieron los equipos gráficos producto de una gestión que pudo hacerse mucho mejor y las dificultades para conectar el recinto con el resto de la ciudad (salir de Ciudad Empresarial es, ciertamente, una odisea a esa hora) son elementos para revisar en sus próximas ediciones. 

Por Cristofer Rodríguez

Fotos: María Troncoso

Víctor Santibañez

Ramón Gómez