Baby Bandito, todos los lugares comunes de una producción Netflix

Por David Bal

Este 31 de enero se estrenó con bombos y platillos, en la plataforma NetflixBaby Bandito. Fábula de los hermanos Larraín, nos propina una serie de ocho capítulos, inspirada, tal como señala en grandes letras, en una historia real (modificada), que retrata a una banda de asaltantes en un hecho, denominado por la prensa de ese entonces (agosto 2014), como el “Robo del siglo”, un noticioso atraco en el aeropuerto de Santiago, donde se sustrajeron la suma de 6 mil millones de pesos.

Esta serie cuenta con todos los lugares comunes de una producción de Netflix, los tiros de cámara, el ritmo, incluso una manera particular de presentar a los personajes. Estos últimos, proveniente de los bajos fondos, usan un lenguaje tan neutro, que sólo el contexto sostiene a la identidad de estos, y no su propia caracterización. Una higienización del argot, que más que un error, es un cálculo, que Fabula, experta en estos asuntos de mercado, modula la historia. Pero más allá de estas apreciaciones, las expectativas al muy poco andar terminan por consumirse en el recurso “Romeo y Julieta”, cuestión que desinfla el globo de su propio argumento.

Kevin Olguin, alias “Baby Bandito”, como lo nombró el diario Milano de Corriere della Sera, de Italia, en su oportunidad, es protagonizado por Nicolás Contreras, que más que parecer un maleante skater en busca de dinero y una vida de lujo, parece un chico de Liceo comercial, que no logra el tono de su propia participación en la historia. En contraste con la actuación de Pablo Macaya, apodado el Pantera, que sí propone una profundidad en su personaje, y nos sumerge en su historia, más allá de lo que estamos viendo. 

La pareja principal, Kevin Tapia (Nicolás Contreras) y Génesis (Francisca Armstrong), en términos de feelingno convencen en su fiato, pero además de ese instrumental nudo amoroso que tiene la función de unir el robo con el amor, para qué de alguna forma funcione la historia, tiene otros problemas de guión. Por ejemplo; Génesis, tiene una historia famélica, que nos impide entender su arco dramático, o para decirlo en términos técnico, la elipsis es tan forzada que desfavorece su verosimilitud, o sea de un momento a otro está envuelta en una historia criminal, como si el personaje tuviera una experiencia previa que le permitiera procesar y elaborar su conducta ad hoc en el atraco.

En resumen, además de los problemas de casting, dejemos afuera a Carmen Zabala, apodada Mística, que considero es otro punto alto de la serie, se suman la forma de hablar de los personajes, el recurso archi manoseado del nudo amoroso, más otras fórmulas que se aprecian en las historias secundarias, como el expediente del triángulo amoroso. Sin embargo, se rescata, la banda sonora, algunos personajes como Lukas Vergara (Panda) y la construcción del mundo de “Los carniceros” antagonistas, que permiten que la tensión dramática y de las acciones, funcionen.

Para terminar, vale señalar que Fabula, pese a su ansiedad por golpear la mesa en la industria comercial de las series, la productora añade más dígitos a su cuenta corriente de producciones, lo que supone otra raya más para el tigre, y su internacionalización.

Sería injusto decir que se trata de otra serie más de Netflix, pues la historia cuenta con el peso anclado de un hecho real, que abre y estimula los marcos interpretativos de audiencia, en esta frenética intentona de ficcionar la realidad.