El último disco de Idles: TANGK, hacia un camino de honestidad musical

Esta banda proveniente de Bristol, ciudad portuaria inglesa vibrante a finales de los años 70, es un crisol de talento donde figuras como el icónico grafitero Banksy y los pioneros del trip hop, Massive Attack, despuntan. El trip hop, un género de música electrónica que sacudió los cimientos de la escena musical mundial en los años 90, distingue a este puerto inglés como epicentro de una escena musical ineludible.

El peculiar sonido del trip hop derivado del acid- rock, con tonalidades melancólicas que parecen ecos del post punk, de ritmos lentos y atmosféricos, a menudo acompañados por samples loops de instrumentos acústicos y electrónicos. Y que Idles, retoma en algún punto. Sonidos propios de una tradición musical de una ciudad, pero que en el caso de Idles afincado hacia una inclinación al post punk o al hard rock. John Talbot por lo demás se defiende de la etiqueta “punk”, sus razones van por la actitud y postura de este, mas que por su sonido propiamente tal. Algo así como ser profesionalmente rebelde, cuestión que su vocalista escamotea y desestima como una impostura.

Su más reciente obra, TANGK, lanzada este 16 de febrero, marca el quinto capítulo de su producción discográfica, y creo afianza esta percepción. Este álbum, compuesto por once canciones, cada una con una identidad distinta, orbita en torno al tema del amor. Según The Guardian, este álbum se erige como una obra más contundente que su predecesora, en el sentido de que transmite la lucha de Talbot contra la adicción y su batalla por mantenerse fuera del mundo virtual de las redes sociales, rescatando el espíritu de una vida cotidiana, libre de estridencias.

TANGK, es menos punk por así decirlo, que sus discos anteriores, con detalles musicales que me recordó a The Black Angels, quizás porque de fondo hay una melancolía inaprensiva o acaso involuntaria, que se cuela.  Además de una reivindicación del amor, en ocasiones con tintes irónicos. El track sexto “Dancer” abre con una cortina musical similar a “1977” de Ana Tijoux, pero evidentemente provista de una rítmica industrial que juega con el movimiento y el baile “like particles of punch drunk love” pesado, denso, aunque con una letra interesante, empero hay otras letras un poco más predecibles como “Grace”, que ostentan un sentido musical destacable, como la voz cansina de Talbot, en contraste con el pulso musical electrónico y monótono. El track tres: “Pop Pop Pop”, condensa lo electrónico, el rap y los aires del trip hop, que le imprimen carácter, a un disco lleno de tesituras, donde la mano del productor musical británico Nigel Godrich, que tiene la particularidad de ser el productor de Ok Computer (1997), de Radiohead; se nota en tanto, que cada trackparece ser una unidad ensimisma. 

Sin duda TANGK, destella por su mundo propio, provisto de particularidades que transmiten honestidad hacia su propuesta musical.