ANIMAL en Sala Metrónomo“Tres son multitud”

Desde la publicación de su sexto álbum, en junio de 2001, que comenzamos a acostumbrarnos a este nuevo trío. Poderoso como el de antes. La familia crecía por aquel entonces y atrás quedaba el recuerdo de Marcelo Corvalán, Andrés Vilanova y Martín Carrizo (Q.E.P.D.). Este nuevo ANIMAL ya tiene dos décadas de fiato y camaradería. Ese mismo animal que todavía dirige y comanda Andrés Giménez y que (esta vez), lo dejó demostrado en su paso por el festival REC y en Sala Metrónomo. Un animal que no ha perdido coraje, fuerza, ni menos convicción.

Así las cosas, la velada la abrió el grupo chileno Rama, con la contundencia, el énfasis y la seguridad de siempre. Algunos detalles de sonido (nada grave) y una sala que se fue llenando con el correr de clásicos como “Manifiesto”, “La Señal”, “Cobardes o “Hermano respira”. Con ese ánimo noventero y el aroma old school de un NuMetal que cada día cobra revancha, llegó el turno de los argentinos.

Acosados nuestros indios murieron al luchar, esa clásica frase que da paso al acrónimo que muchos esperábamos. La última visita fue en 2019 junto al grupo Overkill y la espera jugó a su favor. Directos, intensos, rabiosos y abriendo con “Milagro”, de su disco “Poder Latino” de 1998. Directo y en tu cara, sin pausas “Revolución” del disco “Usa toda tu fuerza” y ya Metrónomo ardía. Una sala totalmente repleta y con un muy buen sonido. “Sol” del disco de 1996 “El nuevo camino del hombre” y la agradable conversa de Giménez con su público. Cercano, locuaz y feliz de comprobar que su discurso se ha mantenido vivo después de tanta historia. Y vaya que Giménez ha vivido historias: Animal disuelto en el verano de 2006, intentos con su banda DMente y su paso por De La Tierra.

La velada continuó con euforia e inclemencia. Un público apasaionado que se coreaba todo el repertorio, sobretodo clásicos como “Barrio Patrón”, “Loco Pro”, “Fin de un mundo enfermo”, “Poder Latino” y “Lejos de casa” (del alto impacto). Andrés tuvo tiempo de anécdotas, recordar el teloneo con Slayer en Santiago, cuando Anton le recomendó que tomará piscola, su primer show en Blondie en noviembre de 1995 y la vez que se lo llevaron preso en Chile. Con simpatía y oratoria, la comunicación fluía y la velada llegaba a su fin. El calor extremo sería testigo de “Guerreros urbanos” y “Solo por ser indios”, acompañado de un discurso fraterno necesario. “Cop Killer” cerraba la catarsis y confirmaba que ese metal alternativo, destructor y pestilente, sigue vivo en manos de un guerrero al que todavía le creemos.

Texto: @fermujicam

Fotos: Mario Miranda Del Río (@mario.delrioph) para Sala Metrónomo