Phoenix: Parte de la religión

Texto por @fermujicam

Puede que lo más difícil en el mundo de la música, en el pop rock sobretodo, sea crear un lenguaje propio. Eso se logra con sonidos, voces, arreglos, melodías que hacen un todo mágico que le pertenece (de forma muy clara) a un grupo de amigos, a una banda. Y creo que con el correr de los años, de los discos, los franceses Phoenix ya entraron en ese salón de honor. Esa habitación que comparten los favoritos de muchos y la banda que lidera Thomas Mars en ese Teatro Caupolicán de noviembre de 2010, demostró que lo de ellos era muy único. Esta era su sexta presentación en tierras chilenas. Debutaron en 2007 en Espacio Riesco y a su haber tienen 2 Lollapalooza y un Primavera Fauna. Ya juegan de locales de cierto modo. 

La noche de lunes, tras un evidente agotamiento pos Lollapalooza, fue especial. Un teatro Coliseo que se saturaba en temperatura (vaya que le falta un tratamiento de aire a ese lugar), recibió a los Phoenix, tras tener que cambiar de recinto a última hora. Lo de Lollapalooza el domingo fue perfecto. Lo del Coliseo fue comprobarlo de más cerca y con un listado más abultado de canciones: 21 sobre 13 el día domingo. Es que nada que arranque con “Lisztomania” (2009), “Entertainment” (2013), “Lasso” (2009) y “Too Young” (2000), puede fallar. Canciones que están en el inconsciente de quienes creímos que la camada de los 2000 cambiaría las reglas del juego. Y vaya que se logró. 

Si bien el show arrancó con problemas de sonido, la voz muy baja, sección rítmica algo distorsionada, el pasar del tiempo fue solucionando esos detalles y fue el catálogo de Phoenix el que hizo olvidar cualquier imperfecto. “After Midnight” y “Love Like A Sunset” (del “Wolfgang Amadeus Phoenix”) marcaban la diferencia con el setlist del fin de semana. Un fiato impresionante y una sapiencia única en combinar melodías indie pop y muros de sonidos algo sónicos (y sicodelia por supuesto), en varias de sus versiones. “Long Distance Call” fue un grato regalo, un himno a esta altura en su repertorio. 

Pero no todo fue fiebre y baile, hubo un momento para el quiebre más íntimo en que Thomas (de actuales 47 años) se hizo cargo de “Fior Di Latte (del álbum “Ti Amo”), junto a “Telefono”, la que cierra ese disco de 2017. Y una última sorpresa fue incluir “Artefact”, de su más reciente “Alpha Zulu” de fines de 2022. Se aplaude el combinar un show que consideró los clásicos coreables y algunas perlas inesperadas, de una banda que desde aquel “United” del año 2000 ha crecido y logrado ese añorado lenguaje propio. Es casi un cuarto de siglo, con 7 discos en estudio y (por lo bajo) diez hitazos que se han paseado por muchas de las radios que apostaron por esta banda (Thomas, Christian, Robin y los hermanos Deck y Laurent) que hoy sigue uniendo al pop y al rock de una manera muy personal y elegante. “El toque francés” dirán algunos. Yo prefiero, “un lenguaje propio”.

Foto por @fermujicam