Mercyful Fate en Chile: Más sabe el diablo por viejo

Por Fernando Mujica

Con 67 años ya cumplidos, el danés Kim Bendix Petersen sigue personificando a la perfección a esa figura oscura y tétrica que dio vida a discos como “Melissa” (1983) y “Don’t Break The Oath” (1984). Es King Diamond, que antes de aventurarse como un referente en sí, llevó adelante a una de las bandas más influyentes del heavy metal europeo: Mercyful Fate. Tercera visita a suelo chileno: debutaron en el Estadio Chile en enero de 1998, ad portas de sacar su disco “Dead Again” (1998). Y luego, en el Teatro Providencia en agosto de 1999, a semanas de haber publicado el álbum “9” (1999) para el sello Metal Blade. Esta vez era a lo grande, casi enmarcado por el festival The Metal Fest 2024 y en un lugar grande como Movistar Arena, la tercera terminó por ser la vencida. Esta vez fue mucha más gente y varios saldaron la deuda como si fuese un debut

De la mano del guitarrista Hank Shermann (65 años), responsable de todos los discos de la banda y único soporte hasta el día de hoy de King Diamond, la banda presentó un rotundo show basado en sus dos primeros trabajos. Junto a la dupla, Mike Wead en guitarra, Bjarne Holm en batería y la recién sumada Becky Baldwin en el bajo. La británica sensación que estuvo más que a la altura. Con casi 15 minutos de retraso, el arranque no podía ser de otra forma. Un rito, una ceremonia, en que la banda se apoderó del escenario con el cabrío imponente en altura y recibiendo a los fieles con “The Oath”, obra maestra publicada en septiembre de 1984 y que abría la segunda cara del vinilo “Don’t Break The Oath” (1984). Era Mercyful Fate en pleno, qué más da que tres de la alineación no hayan sido gestores de aquellos 80’s. Un detalle, mientras que Kim y Hank fueran los anfitriones. “A Corpse Without Soul” no daba respiro y luego la sorpresa. Una nueva canción titulada “The Jackal of Salzburg”, lo que motiva a creer en que se podría venir un álbum. Sincopados, directos, progresivos y de riffs contagiosos, lo nuevo viene definitivamente infectado por aquellos primeros discos. 40 años que no han pasado en vano y esa magia se percibió perfecto con “Curse Of The Pharaohs” y “A Dangerous Meeting”. Aquí es donde se evidencia esa fórmula (que nunca fue secreta), el falsetto endemoniado de un personaje de culto como King y un cuarteto musical que es capaz de cambiar los ritmos las veces que sean necesarias. A esa altura el público coreaba el “ole ole ole, Mercy, Mercy” con un King Diamond agradecido como nunca y que llenó de halagos a los presentes. Calculo unos diez mil en el Arena.

Reanudamos con “Doomed By The Living Dead”, “Melissa”, “Black Funeral”, “Evil” y “Come To The Sabbath”. Cinco clásicos imbatibles para el regocijo de quienes esperamos 25 años para volver a emocionarnos con el sonido de una de las bandas más influyentes del género. Porque King Diamond es responsable de estilos, bandas y alteraciones en la música más oscura de estas últimas cuatro décadas. ¿Cuánto amante o culto del black metal, death metal o del gótico más siniestro, no se impresionó con el satanismo abierto que promulgó la banda hace ya cuatro décadas?

Ya más al final del show, el sonido (muy fuerte por lo demás) se reventó a ratos y la voz del rey tuvo su desgaste notorio en el glorioso “Satan’s Fall”; que operó como cierre perfecto para una velada histórica, para una misa impecable en que devotos y feligreses, (cual peregrinación), dejamos el Movistar alabando este cancionero (para muchos, religioso) de los inigualables Mercyful Fate

Fotografías por Miguel Fuentes Olivares (@miguelfuenteso)