The Night Flight Orchestra & Eclipse en Chile: 

Por Vanessa Laverde

La noche del jueves 25 de abril en el Teatro Cariola, se dio una cita con el hard rock. Tres bandas y varias almas con espíritu rockero se encontraron entre las 19:00 y 23:00 horas para hacer culto a las bandas suecas The Night Flight Orchestra y Eclipse. Teloneados por los nacionales QueenMilk, quienes llevan haciendo ruido desde 2015 y además han sabido internacionalizar su carrera. La noche, marcada por el frío otoñal, nos regaló tres performances de gran calidad. 

A las 19:00 horas puntuales partió el quinteto QueenMilk, quienes lo dejaron todo en el escenario del Cariola. La banda chilena demostró por qué llevan casi 10 años cultivando el hard rock. Guitarra, bajo, batería, voz y coros son la formación que por aproximadamente 40 minutos sorprendió a los primeros asistentes. Con una marcada influencia de las icónicas bandas Led Zeppelin y Black Sabbath, el quinteto sorprendió con canciones nuevas y la calidad interpretativa de cada uno de sus integrantes. Paulo Domic en la voz principal y Marcela Villarroel en coros, brillaron en el teatro dejando en claro que el hard rock chileno está vivo y se cultiva. Aparte de su calidad, también hubo un gran vínculo con el poco público que a esa hora había llegado al recinto, agradeciendo por la escucha y el respeto, dejando el terreno abonado para lo que sucedía.

Luego de un break de aproximadamente quince minutos, a las 20:00 horas aparece en el escenario Eclipse, banda de hard rock melódico oriunda de Estocolmo y que por primera vez visitaban Chile en el marco de su gira “Megalomanium Tour”. En el escenario se encontraba un adorno con luces de neón que simulaba las alas de su logotipo y que, además, enmarcó a la banda dentro de él; recurso que hizo la experiencia mucho más enriquecedora. 

La banda recorrió parte de su discografía abriendo con la canción “Apocalypse Blues” en donde inmediatamente se pudo visualizar el potencial de cada uno de sus integrantes. La agrupación es liderada por el cantante, multiinstrumentista y productor Erik Martensson, quien demostró su capacidad como frontman además de su estudio de la voz. Magnus Henriksson, hizo vibrar su guitarra aguda soleando en canciones como “Black Rain”, también Victor Crusner en bajo demostró un gran fiato con el público, animándole a corear y acercarse al escenario para mover su cabellera al ritmo de la música. No pasaba desapercibida la actuación de Philip Crusner quien, al tocar su batería, hacía gestos muy marcados acordes con cada golpe, agregándole histrionismo a la performance.

Debido a su trayectoria, Eclipse es una banda sólida cohesionada y muy profesional. El cuarteto estaba realmente emocionado de encontrarse con su audiencia nacional, a quienes deleitaron con su calidez y profesionalismo por poco más de una hora.

A las 21:30 horas y, después de que el público coreara “Oh oh oh night flight”, apareció el plato fuerte de la noche: The Night Fligth Orchestra, agrupación oriunda de Helsingborg, Suecia, quienes cultivan el estilo del AOR (Adult Oriented Rock), palabra que está incluida en el título de su gira “Death to False AOR – Latin America Tour 2024”, y que, al igual que Eclipse, era la primera vez que pisaban tierras chilenas.

La agrupación, compuesta por ocho personas en el escenario y con una marcada estética de aerolínea, nos hizo sentir justamente volando entre las nubes con la calidad y expresión de su vocalista Björn «Speed» Strid y de las coristas Anna-Mia Bonde y Anna Brygård, quienes estaban elegantemente vestidos como piloto y azafatas respectivament, aludiendo así a la estética de los años 70’s. Además de las voces, la banda es conformada por David Andersson en guitarra, Sharlee D’Angelo en bajo –que esta vez fue reemplazado por Mats Rydström-, Jonas Källsbäck en batería y Sebastian Forslund en percusiones samplers y guitarras.

Canciones como “Midnight Flyer”, “Burn for Me” y “The Last of the Independent Romantics” fueron parte del repertorio que hizo vibrar al público del Cariola. Es importante resaltar el juego y experimentación que hace la banda con las percusiones (bongos) y con samplers que incorporaron como conector entre una canción y otra, a ello suma la compenetración del vocalista y las coristas que no paraban de actuar y de generar diálogo con el público más cercano, brindando, saludando, posando para las fotos y bailando sin prejuicios arriba del escenario. 

Aunque lamentablemente el teatro no se llenó, hubo aproximadamente 200 personas, incluidos dos niños de aproximadamente 9 y 11 años que, con tapones en los oídos, disfrutaron del concierto. También es importante destacar la labor de los técnicos, ya que el sonido de la sala fue muy prolijo, hubo pocos acoples además de la puntualidad en cada show. También es importante resaltar el esfuerzo de la productora Chargola, por generar estas instancias entre artistas y público que, imagino, resultan un gran trabajo y satisfacción para cada uno.

Fotos por Gonzalo Hidalgo Bastien / @zeropooke