Interpol, los neoyorkinos de la música alternativa que se acercan a Chile

Por Rodrigo Cabrillana

Mistral dejó testimonio en alguno de sus escritos que Chile era un país de tintes melancólico y con fuerte tendencia a la nostalgia. Algo que como colectividad podría explicar nuestro férreo gusto por las texturas musicales con propiedades sombrías y misteriosas, que es una particularidad en la que podría catalogarse la estética del sonido de Interpol. Y cabe hacer esta reflexión, porque su musicalidad recuerda inevitablemente al muro industrial del post-punk y al resplandor de oscuridad que tienen las melodías de Joy Division, así como también, las raíces de la discordia que tienen las canciones de Nirvana y la característica subterránea del rock que cultiva Sonic Youth

Si ponemos todas esas influencias en una licuadora sónica, probablemente nos encontraremos con algo musicalmente cercano a lo que es Interpol y que genera una importante de legión de seguidores en nuestro terruño. Y es preciso igualmente hacer esta afirmación, porque esa misma fanaticada fue la que anoche repletó hasta las banderas el Teatro Caupolicán, causando que no cupiera nadie más, faltando tan solo unos pocos minutos para el inicio del show, fijado a las nueve de la noche.

Y con una puntualidad sustancial, BanksKessler y Fogarino se tomaron el escenario para descargar todo el repertorio que traía Interpol hasta Chile, celebrando los aniversarios de los álbumes “Turn On The Bright Lights”,editado en 2002 y “Antics”, publicado en 2004. Frente a la ansiedad de una audiencia apasionada que solamente quería escuchar y ver en directo a una de las bandas del rock alternativo más importantes de Nueva York, lo que siguió fue una comunión constante entre la agrupación con cada uno de sus fanáticos que saltaban enérgicamente cuando cada pieza musical lo requería. 

Fue así que composiciones emblemáticas como “Slow Hands”, “Evil” “Obstacle 1” hicieron vibrar la cancha del Caupolicán, donde a algunos parecía írseles la vida por los poros bailando frenéticamente mientras la voz de Paul Banks entonaba estos lúgubres himnos de Interpol, acompañado de la melódica guitarra de Daniel Kessler y la imponente batería de Sam Fogarino

Alta música, que también se hacía acompañar de instantes de mucha intimidad entre el grupo y su público, con piezas como “Specialist”, con la cual abrieron el show. Espectáculo que finalmente contempló 20 canciones y un encore, con una duración aproximada de dos horas.

Un concierto que a momentos se transformaba en una discoteca con el efecto visual que causaba la iluminación, y las luces bajas que a ratos también generaban ese ambiente medio tenebroso y enigmático que arroja la estética de Interpol, algo que inevitablemente nos recuerda lugares como Blondie, donde cancioneros de este tipo, se toman esos espacios bailables durante los fines de semana.