A Heroe’s Death

Fontaines D.C.

Lun 21 septiembre, 2020 - Diego Montanari
Etiquetas: A Hero’s Death Fontaines D.C. Pablo Rebolledo Bañados

El sonido de los irlandeses de Fountaines DC no ha pasado para nada desapercibido. Su actitud y afinidad sonora como la revelación del post punk moderno ha sido objeto de varios artículos sobre “nuevas bandas”, donde destacan su crudeza y originalidad. Así lo aclararon con un rebelde disco como lo fue Dogrel (2019) el cual los ayudó a compartir escenarios con bandas-en este punto- populares como Idles, o también la creación de los canadienses de Pottery, la cosa es que la despreocupación del look y las líricas interpretativas nuevamente venían a tomarse el dial en la tumba del rock mainstream.

Como una solitaria tarde de otoño, en donde las hojas caen al contraste de una sociedad condicionada a las redes sociales o la tecnología, pues el grupo logra crear una historia narrativa que asume temáticas como la autoestima, nuestras mentes lavadas por la televisión, pero también la muerte de los valores cuando hablamos de nuestra actual sociedad. Lo primero a cuestionar acá es la lealtad en estos días de superficialidad, y cuando escuchamos a su vocalista, Grian Chatten, diciendo reiteradas que “no pertenece a nadie y no quiere pertenecer a nadie ”en “I Don´t Belong”, podemos comenzar a indagar más en la sinceridad vertida en el transcurso del disco.

El auto cariño y la tranquilidad misteriosa cambian de piel cuando como panfleto roto, “Love is the main thing” viene a confundir con sus emociones y percepciones, pues más que tratar de enaltecer el amor como una herramienta, pues se describe como la desastrosa arma que puede resultar si no es consciente. La batería errática y los calmados colchones de las guitarras van creando esta cierta inconsecuencia frente a un sentimiento abstracto y manoseado, con riffs que coquetean entre el surf rock y la oscuridad más notoria de los primeros años de Joy Division.

Con más fuerza y directo, “Televised Mind” es un sermón bien aplicado, el cual es atractivo por su potencia medida, como también por tener un trabajo más rockero de su ejecución. Y resulta que como bien la palabra de “una mente televisada” es repetida como las noticias más morbosas de la TV, pues utilizan este recurso para cambiar los hábitos y tener mucha más consciencia de los lugares pequeños donde uno crece más. Donde nadie juzga o dice quién es el mejor, sino que surca algo más real a base del crecimiento de uno.

Como si de una paleta de colores sonora se tratase, el disco se asegura con una vibra oscura y totalmente pausada en comparación a su anterior trabajo, incluso puede percibirse de alguna manera como la segunda parte de temas que quedaron fuera del primero. Tienen ideas interesantes, que se guardan y que logran revivir la poesía más íntima con un tono de voz plano, pero que es la aplicación de una despreocupación que la banda abraza. Como en el tema homónimo, tal vez el más movido del álbum, lo único que cambia alrededor de las letras es la instrumental, mientras se grita que la vida “no siempre está vacía”, en un intento de mostrar más entusiasmo o esperanza a todas las manifestaciones invernales de los demás tracks.

En otras logran crear mares de efectos para crear puentes interesantes en el dúo de guitarras, y con bajos mucho más andantes como en “Lucid Dream”, otra prueba más de que acá los matices y contenido van haciendo un trabajo envolvente. Así también con temas más pausados y marcados por patrones rítmicos que dan más espacio de recitar como en “You Said”. Ambas pegajosas y con una tonalidad melancólica que logran encontrarse en este testamento.

Si bien estamos ante un acto de post punk revival, también logran deleitar con recursos oníricos y pedales que crean esta instancia en una experimental en ocasiones. La bohemia no se separa de su esencia, pues la lisérgica “Oh Such a Spring” es nostálgica y prestada para tomar un micrófono y soltar palabras, trae consigo recuerdos de una calma antes de la tormenta de “Living in America”, mucho más destacable por su energía y constante rifferio oscuro. “I Was Not Born” recuerda a esos guitarreos indie de los primeros años de Sonic Youth por su gran dinamismo de cuerdas y batería marcando percusión, como finalmente tenemos un desvío hacia un túnel depresivo con “Sunny” y “No”.

A medida, tenemos una calidad que- queramos o no- nos trae devuelta a otras décadas en donde la poesía y la oscuridad eran temas recurrentes en las líricas. Hoy igual se aplica, pero no en esta clave clásica en donde Fountaines DC llega a caer en este nuevo espectro revival que por ahora tiene intenciones de tocar y crear. Bandas con claras referencias y aciertos, los de Dublin no caen en ser una copia, sino una alternativa más novedosa de una corriente que ha surcado por varios espacios musicales anteriormente.

El grupo toma el camino más sencillo para su carrera, la decisión de si hacer algo distinto o rupturista como segundo disco se vuelve una puerta para soltar penas, reflexiones y versos dignos de una época como la de Madchester. No hay pretensiones de encontrar un sonido nuevo que rompa esquemas, pero existe un tipo de aguja que va escogiendo sus influencias cuidadosamente para darle cabida a un cancionero que abraza. No es espectacular, pero logra un acojo de invierno que nunca fallará al ser reproducido, tratando de mantener el espectro fiel a algo simple y sensual a la vez.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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