Ants From Up There

Black Country, New Road

Jue 24 febrero, 2022 - Diego Montanari
Etiquetas: Ants From Up There Black Country New Road Pablo Rebolledo Bañados

Con una gira internacional en festivales y teniendo un disco nuevo en el horizonte fue que la voz melancólica de Black Country, New Road, Isaac Wood, decidió abandonar la banda por sentirse muy triste y ansioso en su actual vida. Algo inesperado habiendo lanzado uno de los discos del año durante el 2021 y siendo un debut muy comentado que dejó expectativas de sobra para el siguiente paso de esta turbulenta agrupación.

Sin ir más allá, las letras de sus canciones siempre fueron una muestra de total sinceridad y llenas de pasajes oscuros que surcaban entre quiebres jazzeros y ejecución musical intensa para crear narrativas desgarradoras y emocionales. Y de alguna manera una noticia inesperada como esta deja entrever que lo que más tendría su nuevo disco es un componente con más cercanía al corazón y una despedida, eso demostrado en su brillante y hermoso sencillo “Concorde”, donde el trabajo de vientos crear una atmosfera lacrimógena pero iluminada por una cierta esperanza que ahora musicalmente transmiten sus composiciones. Debe ser de las canciones más bellas lanzadas durante lo que lleva este 2022.

Pues siendo solamente unos días antes de su salida, acá tenemos “Ants From Up There”, que repite el hito de convertirse en un trabajo ambicioso y atractivo, pero siempre manteniendo su cruzada sentimental para crear tracks que se vuelven una canción larga con todos sus matices. “Intro” prepara todo de a poco con bellos tonos en sus trabajos de vientos, con el bajo anunciando el comienzo de este viaje y la batería proclamando esta bella pieza platillos rápidos y precisos. Todo termina con destiempos de guitarras atractivos y el enlace al próximo track.

“Chaos Space Marine” tiene pianos sacados de las obras de oeste más clásicas del cine, mientras que entremedio el bajo va creando tensión con los acordes disonantes de sus guitarras mientras la batería marca un tic tac a punto de estallar. La voz de Isaac comienza a desesperarse, pero lo que parece ser un sufrimiento, es el descubrimiento de un camino nuevo que tomar, le grita al mundo de una manera reveladora y satisfactoria, es como si quebrase por fin esas cadenas que ha descrito en sus diferentes temáticas. Una bajada levantadora y abrupta, que se embellece por un juego de voces secundarias poetizando la arrastrada instrumental simulando una nostalgia amada.

El arpegio de “Bread Song” va siendo el balde de las derramadas palabras que Wood recita con una tristeza profunda en un salón solitario de su cabeza. Las lagrimas se convierten en bellos sigilos violinísticos que tensionan esa garganta ahogante de soledad, creando una atmosfera flotante que convierten esto en una pieza cinematográfica perfecta en su transición. Como un vals pausado, sus espectros van de izquierda a derecha balanceándose y conociéndose por primera vez, donde el primer tacto real se convierte en una nueva etapa, razón por la que batería comienza pegar a los bordes, hay un cambio por ocurrir, pero aun no se asoma pero sabe que se acerca.

Entrando a otra escena con sintetizadores agudos, “Good Will Hunting” se da un momento de reflexión con una guitarra más folk y un juego de punteos de un indie rock más tirado al art en su sentir. Los ambientes son más experimentales, mezclando lo orgánico con lo moderno de los sintetizadores que mezclan su sonoridad con los saxofones. El auditor está dentro de una fábula maldita, que mezcla sus contrastes creando una sensación confusa de alegría, que al parecer es más cercana a la locura, pero sutilmente creando tensión en secciones más ligadas al rock alternativo, y teniendo rasgos sacados de otros sitios musicales. Tiene su salida intensa llena de un post rock más suelto y rebelde, pero manteniendo su estructura. 

“Haldern” instaura una vibra noire de esas que te hacen sacar una botella de whisky y tomártela con lentitud de manera poética y solitaria. Nuevamente tenemos estos espacios protagónicos de silencios y momentos calmados que este disco reluce como su mayor fortaleza. Se toma su tiempo de contar algo, y no llega a disponer de los quiebres alocados para el entretenimiento solamente, quieren de verdad relatar algo con eso y lo van acariciando lentamente para que así sea. Hay caídas y levantadas, como si escapar de algo conlleva lastimarse en los tropiezos, pero seguir apuntando hacia la salida más cercana, esa sensación crea una apreciación longitudinal de la música, donde todo se va elasticando hasta un punto de quiebre.

“Mark´s Theme” podría ser perfectamente una escena de una película simulando el momento del ensayo, ese antes de la real narración que existe, tomándose el tiempo de ser una instrumental cinematográfica y que vuelve real la sensación de estar en un salón viendo esta obra. “The Place Where He Inserted The Blade” es funeraria, la voz está más gastada y cercana a un tono barítono profundo, el título sugiere que esto se puede tratar de intento de asesinato, pero ¿De qué? ¿Las ilusiones? ¿La tranquilidad? ¿La normalidad? Toda esa aura se convierte en una composición cirquense con tintes fantasiosos o surreales en su expresión, atravesando sensaciones entre lazadas de bellos recuerdos que se encuentran con el presente de manera pesimista. Es como si lo que se sufre es la partida de algo o alguien, porque la voz desgarra su punto teatral y quiere simplemente despedirse de lo que lo agobia desde el principio del disco.

“Snow Globes” definitivamente quiere romper las paredes y volar de una vez para no volver más, esas baterías en el transcurso del tema se convierten en la lucha interna del protagonista queriendo simplemente vomitar lo que tiene adentro. Acopla sus monitores para dejar la voz en la parte trasera, a pesar de que esta comienza a gritar más alto, el ruido de los platillos solamente quiere callar esa inseguridad y dejar al impulso actuar. 

Con un silencio que llega a despertarse con la suavidad de los clarinetes, las guitarras limpias y la batería marcando pausadamente y pegándole con precisión a los platillos de manera de que cree una sensación brillante, es que “Basketball Shoes” suelta todo lo propuesto del disco en su último puesto. Este track permite resumir muy bien todas las virtudes, concepto y propuesta que el grupo desarrolló en todo el álbum, permitiéndose tener más escapes y cambios de ritmo que enaltecen esta sensación de final. Las guitarras se amplifican al final como tal salida épica, las voces comienzan a sentirse angelicales llegando a otro plano, todo comienza a abrirse a otro plano, algo está por terminar, pero también llega a levantar un alma perdida. Ese final es merecido para la anticipación que crea.

Es una pena que Black Country, New Road terminé esta segunda etapa de manera tan abrupta, pero conllevaron la responsabilidad de apreciar los momentos de grabación y compañerismo para poder salir adelante con un disco brillante en su mérito. 

Se podría pensar que las segundas partes tras un debut exitoso conllevan un esperado progreso o cambio en la sustancia de lo que sus primeras canciones instalaron. Como una obligación sonora, este la mayoría podría convertirse en un paso en falso, pero para BCNR es una música orgánica que respeta, siente y está conectado con la fibra ansiosa que la vida cotidiana depara desde la llegada de la pandemia, donde nada es tan real y es aún apocalíptico en su desarrollo. Y dentro de esa mezcolanza densa de información y rutinas que todos los días invade nuestras mentes con más fuerza, la mente de este grupo simplemente quiere dejar escapar ese nudo acumulado, y demostrar que nuestros sentimientos están más intensos que nunca. Es muy bonita obra de arte.

“Ants From Up There” nos hace sentir chiquites, claramente la obra de por si nos hace ver ese avión alejándose desde nuestro terreno, pareciendo algo intimidante pero justo, donde la banda misma comenzó escribiendo esta escalera etérea, y logró alcanzar la cima de su historia. Debe de ser las producciones musicales más hermosas de lo que lleva este año sin dudas.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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