Bright Green Field

Squid

Mar 15 junio, 2021 - Diego Montanari
Etiquetas: Bright Green Field Pablo Rebolledo Bañados Squid

El denominado movimiento por muchos melómanos/as como post brexit core ha tomado una fuerza y relevancia muy importante en los últimos 3 años, donde actos que toman rasgos de sonidos clásicos y populares, logran alejarse de la nostalgia de aquellos, para así darles un aire fresco y totalmente fascinante. Algo que comenzó con el punk rock de Idles, nos terminó entregando el más rabioso y sofisticado sonido de Shame, o las andanzas invernales de Fountaines DC, como también la variante conceptual de black midi o el sentimentalismo de Black Country, New Road. En cambio, el debut de Squid busca simplemente mostrarse al mundo con una propuesta local y sin prejuicios, aceptando tropezones, pero subiendo constantemente en un lugar denso y volátil de este sonido que ha tomado tantas formas con esta escena.

“Bright Green Field” se llama este primer disco del grupo, donde anteriormente teníamos “Narrator” como su principal sencillo, donde con la voz tenebrosa y potente de Martha Skye Murphy, nos entregaron una canción con riffs contagiosos, salidas psicodélicas, ritmos post punk de los clásicos, pero también harta actitud. Amplificando los gritos de Skye y Ollie Judge hacía el final- quién además ejerce como el baterista del grupo- en un trabajo complejo, pero que lo lleva a su propio terreno. Esto en unos largos 8 minutos que simplemente explotan cada instrumento en un mal viaje que se densifica con sus desquites corales al final.

 Ocurren los 40 segundos de “Resolution Square” a lo que “G.S.K” se percibe del plano Byrne de la percusión, con un enfoque gustativo de sus ritmos, con algo bailable que apenas la voz de Ollie anuncia con su distintivo tono, la canción comienza a cambiar, pues la batería ingresa con genialidad y fuerza para meterse en la cabeza de los auditores. Es groovy a más no poder, es precisa, pero a ratos queda la sensación de que puede más, y claro, esta es una manera de describir la música de este grupo joven con la mayor sinceridad posible de sus composiciones, porque a ratos parece que lo que se piensa como una experiencia continua, llega a ratos a ser algo como un rompecabezas, algo le falta para completar. Eso se presenta mucho en canciones como “Boy Racers”, que entran en una disonancia constante y que te envuelve en sus sonoridades indie, siendo una canción de 7 minutos, que después la continua “Paddling”, que de ser 6 min termina atravesando sonidos más oscuros y ambientales. El final de Racers es simplemente relleno que se ejecuta de manera de que el auditor esté flotando con ruidos que son densos, para así rematar con una vibra totalmente mecánica a lo Devo después, en un tipo de juguera con la cual comenzar.

Acá todo el trabajo del dinamismo es llevado de la mano de los sintetizadores, las guitarras y el bajo, y es que la batería cumple una función que no es tan esencial en su ejecución, siendo el detalle que de repente podría derivar a que ciertas secciones se sientan parecidas. El “menos es más” de ese instrumento reluce lo poco que tiene, así priorizando que esta dualidad voz/batería pueda calzar y entregar momentos entretenidos durante todo el disco. Pero a ratos falta una cohesión de algo más definido, como en “Global Groove”, que es oscura en su esencia, donde sus vientos incluso se sienten disonantes con la voz de su vocalista mucho más empoderada. Otro detalle importante, la voz a ratos ya va subiendo sus tonos y arriesga más, con gritos desgarradores y desquites que se sienten genuinos.

“Peel St” nos mete en un terreno mucho más inestable, recursos electrónicos y un sintetizador saltarín van creando un tipo de discordancia con los tonos de las voces, y con las guitarras ejecutando todo de manera metódica. Es una explosión que ya no respeta nada su continuación, pero la vuelve un ritual que después toma el bajo como principal corriente, mientras la batería se inserta en una jungla. “Documentary Filmmaker” es un espacio donde las trompetas y los sintes se complementan perfectamente, donde brillan por si solas, mientras la guitarra ocupa un factor más rítmico. Acá la batería no está presente en la mayoría del tema, y vemos la versatilidad de la interpretación vocal en sus diferentes ambientes.

“2010” es más deliciosa en sus andanzas, tiene un feeling mucho más sensual en algún lado, pero que es azotado de inmediatamente por un quiebre nirvanero que nos mete de lleno es una cosa mucho más agresiva, pero volviendo a esta sección que se percibe más latina. “Pamphlets” es durísima, va corriendo a una velocidad y un timing totalmente desesperado, y llegando a desprenderse como el tema más largo del disco, las guitarras van coqueteando constantemente con riffs totalmente pegotes, mientras la voz ya desgarra su último respiro raspando a más no poder. Incluso hay secciones de teclado que recuerdan a las de Duran Duran en Save a Prayer, pero que se vuelven extraterrestres, comenzando un tipo de abducción con la cual todo nos transporta hacia secciones bailables y experimentales. Finaliza una canción con temples bellos y más etéreos, con una pisca de belleza en sus punteos emocionales que nos transportan hacia otras galaxias con sus distintos efectos.

“Bright Green Field” tiene una portada aleatoria, en un campo enormemente verde y con un cielo azul del cual cualquier pantalla de computador estaría orgullosa de tener dentro de su servidor, pero es ahí donde una figura de una persona botada con distintos materiales nos forma un tipo de confusión. Es así como su música funciona, como una que no busca tener sentido, y que busca explorar todas las maneras posibles jugando al peligro en una jam que constantemente encuentras sus respuestas y cambia las preguntas sin previo aviso.

En términos del orden y la cantidad de canciones que contiene (11), se puede convertir tedioso el proceso de escucha, debido que a ratos se siente que tiraron toda la parrilla enérgica al comienzo, para así entremedio darle más énfasis a las ideas experimentales con las que se manifiestan. Aún así hay canciones que tienen una formula y sonido que es disfrutable y vacilón constantemente, con ideas creativas y con un sentido entretenido de sus composiciones, teniendo de los riffs más coquetos y ruidosos, hasta secciones indie que son coreables y también psicodélicas en sus sintetizadores. Colores musicales hay de sobra, y los saben utilizar cuando se debe en su máximo potencial.

Un debut muy especial y que nos prepara para lo que una banda joven como Squid puede tener a futuro para ofrecer dentro de sus inquietas mentes musicales, donde se nota que hay ganas de sobra para romper con cualquier esquema con un alma rebelde e irreverente. Y esto solo demuestra que en esos lares está surgiendo un movimiento que quiere simplemente crear su propio camino a base de talento innato e interesante. Es de los discos más creativos de este año en lo que va.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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