Cavalcade

Black Midi

Mar 03 agosto, 2021 - Diego Montanari
Etiquetas: Black Midi Cavalcade Pablo Rebolledo Bañados

Pareciese que los tiempos de pandemia han logrado calar en el fondo de la psiquis mayoritaria de las personas, en el caso de los artistas, el crear o componer se ha vuelto uno de los componentes más fascinantes-y horribles- para adentrarse en los pensamientos más oscuros y alterados. No es solamente la introspección de los demonios o la locura del encierro, también es el contexto socio político, todo parece ser sacado de una novela que no deja de cesar la mente ni menos el cuerpo.

Durante 2019, la banda black midi dejó a todos los críticos/as y amantes de la música impresionados/as con su jazz punk rock avant garde mostrado en su debut, “Schlagenheim”, luciendo una propuesta que tenía ideas frescas al borde de lo surreal con su interesante mezcla musical. Pero tomando el primer párrafo y sus alrededores, el grupo decide musicalizar su segundo disco con crónicas que hablan de un reino corrupto, descripciones de un nihilismo narrativo que une todos sus componentes para llevarte en un viaje más ligado al rock progresivo, pero con la irreverencia vocal y musical pegando fuerte cuando debe. Es así como “Cavalcade” se convierte en una especie de odisea creativa que desde su portada llena de colores y expresionismo- en comparación al blanco y negro de su debut- nos anuncia que estaremos ante una experiencia que simplemente crece con las escuchas y su ejecución: una locura total.

“John L” debe ser de los opener tracks más explosivos de este año, con esa fuerza maratónica potenciada en las trompetas, saxofones y vientos que ambientan, con esas guitarras sacadas de la errática maniobra voz-cuerdas de Georgie Greep, vocalizando el drama mientras la instrumental frenética incrementa la tensión de este tipo de guerra musical. La batería y el bajo quieren marcar marcha cuando todo está destruido, mientras a pasos agigantados, van solamente cediendo al punto de no retorno. Los detalles son netamente una narración trágica de una batalla contra un poder máximo, la letra al menos alude a la existencia de un infierno del cual todas las generaciones son parte, donde temáticas sobre la discriminación y el nacionalismo van siendo utilizadas con referencias literarias que simplemente nos envuelven en esta eterna muralla de desplante insano musical.

Todo se acumula, nada quiere parar, la banda está en un éxtasis peligroso donde no existe una conversación clara o definida. Cada instrumento va intensificando su velocidad y su musculatura para entregar una performance sonora sin límites, aprovechando cada espacio para azotar con ideas bruscas, al son de un piano tenebroso reventando salvajemente las teclas. Todo se detiene en seco, cuando de inmediato unas guitarras clásicas de tonos medievales- que también recuerdan a sonidos más cercanos al bossa nova- susurran en “Marlene Dietrich”, entonando la voz con mayor sentimentalismo y delicadeza con los acordes de fondo. Acá la lírica comienza a relatar sobre una reina que llega a su escenario, mientras las tropas se preparan para el ataque, donde las metáforas se vuelven algo muy bello, hablando de la metamorfosis de cada reina al sentir un orgasmo, comentando la no necesidad de un beso a una rana, aludiendo a las fabulas clásicas donde existe un príncipe azul. Esa calma solo dura dos minutos con 53 segundos, para cuando la matemática musical y jazzera de “Chondromalacia Patella” comienza a subir sus pulsos través de una canción que se percibe más preparada en su estructura, donde la guitarra se codea con el imparable bajo, mientras la batería revienta los platillos hacia una sección crimsoniana por excelencia. Esta es la cruzada más violenta y estratégica, pareciese que todo está premeditado, el dialogo previo, la desaprobación y finalmente el conflicto comenzando a estallar para simplemente olvidar la razón y empezar a desarmar todo sin filtro.

“Slow” le sigue la carrera con una letra densa, interpretando sensaciones en su estilo más paranoico y matemático, convirtiendo su entorno en un tipo de desesperación conjugándose con la bipolaridad vocal, manteniéndose sereno y cómodo con su entorno caótico. Lo inminente es que lentamente se acerca el final del viaje, de una idea, de una vida entera, esta que al principio nos enamora, nos hace sufrir, y que ahora simplemente quiere acabar. Es la comprensión de lo terrenal y lo que se escapa de aquello, esa voz que entona que todo se vuelve más lento, muriendo con su percepción inicial de lo que la vida era.

Estando ya en la mitad del disco, pues el ritmo con el cual las canciones van siendo trabajadas demuestra una gran atención al como un concepto se puede desarrollar. Bajo las palabras de Greep, este fue un gran ejercicio de trabajar los temas por separado, para así darles más coherencia a su sonido, y eso se demuestra con gran constancia y definición en su producción, en la cantidad enorme de instrumentos que complementan y en esta musicalidad visual que la banda otorga. El patrón de la batería parece tener una gran repercusión en como las emociones quieren transmitir sus hazañas, “Dethroned” simplemente le sigue la pista a este ritmo de jazz que de a poco va soltándose con algo más libre, y la guitarra simplemente explora entre efectos y distorsiones que quieren marcar un ritmo contagioso y totalmente atmosférico con su cometido. Esto se transforma en un tipo de jam donde todo busca ser una entretención instrumental, gozando de matices y ritmos latinos, quiebres rockeros y mayor enfoque con sus percusiones, encaminando al auditor hacía un abismo de ruidos que suben en un trance que te mantiene pegado.

Con un cencerro totalmente irrespetuoso, y un bajo travieso, los quiebres psicóticos con los que en su corta duración entrega “Hogwash and Balderash” pincelan cambios en su estructura. Es un pequeño resumen de las variantes que este disco desarrolla ahora con intenciones más cirquenses, buscando la creatividad insana en un experimento que simplemente busca arroyar con lo que atraviesa, con todos sus componentes acelerados pero atentos a sus desenlaces. Esto solo para dar entrada a la canción más larga y épica del álbum, la gran “Ascending Forth”, una tiradera de 9 minutos que extiende el final de este capítulo con melancolía, amor, dolor, cariño y despedida en toda su duración. Una gran partida con un gusto acústico y limpio que simplemente quiere soltar penas en sus vientos tenues y aura triste, que ahora potencia la voz en un punto más elaborado de su interpretación. En un tipo de viaje hacia la revelación, todo se complementa hacia una explosión de sus coros, de sus almas siendo elevadas hacia una satisfacción que sonoramente funciona como una medicina respecto a los erráticos disturbios de sus canciones anteriores, siendo un final merecido. Un tipo de conclusión que se percibe alegre y bello.

Al principio cuesta adquirirle el gusto a “Cavalcade”, como dice su traducción al español, es una cabalgada donde este caballo atraviesa un viaje entero tratando de comprender su alrededor, de tomar un contexto ficticio y darle el mayor sentido posible para calzar todo. Su primer disco no te avisaba que iba a ocurrir, simplemente actuaba en su demencia, así mostrando una faceta desordenada y totalmente llevada del impulso en todos sus sentidos, apenas escuchas esta obra nueva empiezas a visualizar y a comprender que se pulió muchos detalles para crear una experiencia sonora que debe ser escuchada de principio a fin. Eso suma muchos puntos, porque claramente este disco no pretende darle en el gusto a todos los oídos, pero si a un amor hacia el arte que es crear una obra totalmente surrealista y terrenal al mismo tiempo, cosa que es muy difícil de lograr.

Desconcierta, incluso a veces bromea contigo, pero siempre es una cosa impredecible con la que actúa, no es algo como “vengo a molestarte un rato con ruido”, sino que agarra al auditor como un espectador de esta batalla musical y lo convierte en un títere de su propia creación. Este nos guía hacía allá – no nosotros a él – y eso es un factor fascinante que se puede desarrollar a futuro con su propuesta musical.  La solidez imaginaria y la producción tiene momentos maravillosos en su intimidad, incluso en sus partes ruidosas algo se puede identificar en ese desastre simulado con los vientos, las baterías despiadadas y riff frenéticos de guitarra que complementan con el bajo inquieto de sus intérpretes.

Es un gran paso como segundo disco, toma el rock progresivo y el jazz con mayor seriedad en su cometido, pero sin quitarle esa irrespetuosidad con la que encantó en su primer trabajo. Es un crecimiento hacía proyectos más serios y comprometidos, explorando la creación de universos musicales a partir de ideas innovadoras. Este álbum cumple con lo que promete, arroya con todo a su alrededor con sus distintas visiones, así asegurando que al menos la atención hacia sus canciones sea el foco principal por el cual se transforma.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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