Drunk Pink Tank

Shame

Mar 09 marzo, 2021 - Diego Montanari
Etiquetas: Drunk Pink Tank Pablo Rebolledo Bañados Shame

Corría el año 2018 cuando con un disco sorpresivamente fresco en su propuesta y juvenil llegaba de la mano de los jóvenes británicos de Shame, una banda que a la par de Idles y Fountaines D.C., cosecharon el interés de la prensa musical, como también reseñas positivas de su debut “Songs of Praise”. El grupo comandado por el histriónico y enérgico Charlie Steen demostró estar a la altura después de una extensa gira que según en una entrevista para The Irish Times, el vocalista declaró que “estar de gira le quebró la mente”.

Tomando en cuenta el desgaste y la ansiedad de sus composiciones, la banda deja de lado las métricas de su primer trabajo, para inyectar adrenalina, apresurar los tiempos, aplicar detalles percutivos y entregar su mejor disco a la fecha. “Alphabet” entra con la batería marcando incansablemente, mientras las guitarras acoplan para un inicio más errático de sus riffs post punk, donde la letra e interpretación de Charlie se tornan en una declaración de cansancio y energía, dos contrastes que sacan a relucir las virtudes de este disco. “Nigel Hitter” tiene una sensación bailable, donde los acordes intercalan y van buscando espacios para llenar, un tema que goza de onda y gran ritmo, agudizando detalles de producción y dándole más enfoque a estos elementos.  

Cuando todo iba rítmico, pues con una gran fuerza y potencia, “Born In Luton” llega a azotar con estructuras sabrosas que recuerdan a Talking Heads, y el riff más contagioso del álbum. Los quiebres sentidos y ruidosos que hay más adelante son totalmente potentes, y logran crear una sensación de desorden o bipolaridad con la cual lidiar. Los acordes suben su ejecución, la voz empieza a estallar y llorar en algún punto, pero la fiesta sigue volviendo con la sección del principio. Es un tema que será un clásico asegurado en el futuro cuando sea tocada en vivo, tiene un desgarro hermoso y una creatividad inquieta en su producción.

“March Day” crea un tipo de collage musical donde el indie se presenta en sus cuerdas, mientras que la voz convierte esto en algo más fraseado, con un juego de tonos que logran crear una canción totalmente entretenida y diversa. Es una marcha en su título, pero es una que no sigue normas ni menos instrucciones, cuando se grita “que no me levantare/ no me puedo levantar” (I won´t get up/ I Can´t Get Up) se puede interpretar como ese momento donde no queremos nada con nadie, por más que nos obliguen.

Con un tono irónico, “Water in the Well” trae algo más concreto en sonido, las guitarras y el bajo logran crear una canción muy pegajosa y coreable, eso debido a su instinto juvenil punk, mientras que “Snow Day” logra convertirse en algo más oscuro y con una base rítmica que suena más aventuresca, creando un tipo de metrónomo musical que transmite una sensación de querer escapar. Una que al final logra crear un desorden instrumental que sorprende por su exploración hacía algo más ambiental, mientras las voces logran un tipo de canto gregoriano en los coros y finalizando con una sección netamente rockera.

Ahora probando el spokenword relajado y con mayor énfasis en los versos, “Snow Day” no para de perseguirte en sus baterías y percusiones, creando un espacio de mayor libertinaje lleno de guitarras desquitándose, de ruido apenado y todo azotado por la velocidad de los cambios. Es como si el disco llegase a tener un ritmo latente que por cada canción que avanza se apresura más, como si fuese un descanso condenado a estar alerta del relojero. Logran hacer finales falsos, extienden el ruido de una manera genuinamente explosiva, y sin perder los sonidos en la producción, otorgan una gran presencia de fuzz al bajo y melodías a las guitarras más altas.

Nos oscurecemos con mayor intimidad y efectos flotantes con “Human, for a minute”, la cual es el único momento del disco donde algo es más agradable y psicodélico en comparación a las otras canciones que tienen más fuerza e ira. Un bajo redundante que tiene una presencia sólida y vacilable, ingresando a un mundo volátil y con la intención de explorar entre efectos de delay y teclados/sintes para escapar. Pero esa calma dura lo que dura porque sin respeto y jalados de energía, “Great Dog” simplemente rabea con sus guitarras y voz, para simplemente arroyar con su alrededor, saturando las voces con una sensación de megáfono cortado.

Con “6/1” tenemos al bajo marcando la marcha con mayor pesadez, mientras las guitarras juegan a ser un acertijo, donde todo se mezcla sin formas. La banda comienza a explotar más seguido, cuando en el final de esta canción logra quebrarse hacia el punk rock más groovy, a lo que “Harsh Degrees” es un track intenso de transición y es que ambas funcionan como la canción conceptual, con rabia sacada de Black Flag y con lo sofisticado funcionando a perfección, sumando efectos electrónicos.

“Station Wagon” es la canción más larga, contando con 6 minutos y 39 segundos de duración, empieza con una ambientación invernal, mientras que la voz relata como tal poesía en la soledad. Subiendo de a poco su intención mientras la voz raspa a punta de versos sinceros, con un entremedio que utiliza un piano clásico para agregar una sección bella y caótica que muta a una muralla de sonido implacable, finaliza el álbum de manera estrepitosa e instantánea.

Shame se manda un disco para la posterioridad, es su segundo trabajo y es uno que deja muy bien parado el inquieto creativo y las complejidades de una producción ruidosa que puede tener arreglos que desafíen el género en sus bases. Cada canción tiene el potencial de ser un himno por sí solo, en donde las tensiones buscan un momento para bailar, romper, gritar, relatar y así crear una experiencia que va ser clásica al futuro.

Pocas veces se pueden escuchar sonidos frescos y vintage conjugar hacía una fórmula propia, poniéndole atención a los instrumentos y adornos, como también priorizando la distorsión como una parte fundamental de la vida de cada persona. El grupo no solo consolida un gran paso en su discografía, expande la imaginación de su propuesta hacía otros lugares, y en ese paso atrevido que es surcar a otros motivos, Shame acaba de encontrar una posible respuesta a futuro.

Por Pablo Rebolledo Bañados

Deja un comentario

comentarios

Últimos Posts

Nueva Música Chil...

Resumen musical nacional ...

Leer más

Nomadland: “Tard...

Ganadora como Mejor Película en los Oscar 2021...

Leer más

Emilio Ramón y Ri...

La editorial Santiago Ander nos vuelve a sorprender con un libro lleno de histor...

Leer más

Eventos musicales ...

Destacan Ases Falsos, Los Tres, María Colores, entre otros...

Leer más