Eduardo Parra: “Hijos de la Tierra fue la consecuencia lógica y el broche de oro de estos años ignotos”

Un trabajo memorable de Los Jaivas que recordamos

Jue 20 mayo, 2021 - Diego Montanari
Etiquetas: Eduardo Parra Fernanda Schell Hijos de la Tierra Los Jaivas

Sin duda, Hijos de la Tierra constituye el retorno de Los Jaivas a sus raíces. En 1995, con Juanita Parra, ocupando la puesta de baterista, tras un largo tiempo de preparación y aprendizaje en el estudio y de vida en comunidad. Ella y Fernando Flores, joven bajista y multinstrumentista constituyen los dos refuerzos que tiene la formación de Los Jaivas para la grabación de su nuevo álbum, este se realiza en Francia a través del tradicional trabajo de improvisación musical, aprovechando líricas escritas con anterioridad.

Para conocer la historia de este disco, hablamos con Eduardo Parra.

¿Cómo surge Hijos de la Tierra?

Este álbum, al igual que el periodo de adaptación de Juanita a ser la baterista del grupo, cumple con los mismos años que necesitó ella o que naturalmente le fueron asignados. Este tiempo fue inusitado y muy especial para Los Jaivas. La cantidad de estos años no fue determinada a priori. Nadie sabía lo que iba a pasar ni el tiempo que esto tomaría. Estábamos en una situación que no se parecía a ninguna parte que hayamos vivido en nuestra carrera. Solamente dejamos que se determinara solo, que se fuera construyendo a su manera.

Hijos de la Tierra fue entonces la consecuencia lógica y el broche de oro de estos años ignotos. Habíamos empezado a reunirnos una y hasta tres veces a la semana, para concretar un álbum. No podíamos pensar en eso. ¡Estábamos realmente recibiendo a la Juanita! Hijos de la Tierra es la recta final de estos ensayos.

Lógicamente no habíamos comenzado esa etapa para confeccionar un álbum, lo hacíamos para preparar a Juanita a enfrentar los años que vendrían.

El premio a este tiempo de aprendizaje fue tener un álbum que verdaderamente guarda en sus compases todo lo conversado, todo lo aprendido por ambas partes, tanto Juanita así como nosotros debimos adaptarnos a esta nueva realidad que nacía del dolor y la pena. Hijos de la Tierra es el triunfo del amor y la perseverancia, la voluntad y el ahínco, la fuerza con la que debíamos subsistir, vencer la nostalgia, convencernos definitivamente de que Gabriel no estaría más físicamente entre nosotros.

En la Puerta de Brandeburgo, Berlín, Alemania

Juanita estuvo durante un par de años en preparación. ¿Qué ocurrió durante esos ensayos?

Había algo que era realmente fundamental y nosotros teníamos el deber y la obligación de traspasar eso a Juanita. Pero ese algo era intangible y casi inefable. ¿Cómo podíamos explicar a Juanita el amor que se había criado entre nosotros y que era nuestro más grande tesoro, cómo podíamos decirle que la amistad pura y profunda nos había regalado la comunicación más allá de los sentidos y que casi no teníamos ni que mirarnos para saber lo que vendría en el compás siguiente ni cómo finalizar un tema o anticiparnos a saber la broma que Gabriel haría pocos segundos después? Con los años y recién ahora, Juanita decidió aceptar que nosotros éramos uno solo y que eso no se podía ni alterar, ni cambiar ni tampoco, trasmitir. Que eso era lo que nos hacía únicos e inseparables.

Eso fue lo que tratamos de explicar primeramente a Juanita antes de ir pasando a la manera de tocar de Los Jaivas. ¿Cómo habíamos adquirido y aprendido nuestro lenguaje musical en circunstancias de que no existían antecedentes de eso? ¿Cómo hacíamos para funcionar como una máquina sin tener preceptos ni conceptos? Tantas cosas que eran familiares, medulares, indecibles. Pero era ese el terreno sobre el cual deberíamos trabajar, forjar nuestro nuevo futuro.

La tarea fue singular y rudamente dura para Juanita. Pero nosotros no podíamos tener pelos en la lengua ni tampoco la misericordia necesaria para esos casos. Muchas veces nos excedimos en nuestras explicaciones tocando temas confusos e inexplicables.

Debimos contar infinitas anécdotas de nuestra familia. Debimos hablar de rasgos y también de amigos que de una u otra manera influyeron. Debimos hablar y contar nuestro entorno a partir de nuestra niñez, todo lo que nos había rodeado y significado algo importante para nosotros. Los juegos, las películas, los parientes, las casas donde habíamos vivido, nuestros gustos musicales y los de nuestra familia, las comidas, los chistes, ¡todos nuestros gustos!

Paralelamente íbamos alternando tímidamente con tomar los instrumentos y el primer año fue prácticamente de improvisación, para ir tanteando. Fue extremadamente conversado, o más bien, contado. A cada uno de los “tíos” le correspondía tomar la palabra, ¡y vaya que cada “tío” se extendía en detalles! Fueron incontables los ensayos donde solo la historia tuvo lugar en la sala.

En lo que respectaba a la batería, no vacilamos nosotros en intentar traspasar a Juanita lo que nosotros sabíamos y conocíamos de la manera de tocar de Gabriel y el por qué de su estilo. ¿De dónde había sacado Gabriel esa manera de tocar? Aparecieron entonces los Gene Krupa, los Joe Morello, sus estudios con Giolito y las giras con los acordeones Honner. Los payasos del circo Las Águilas Humanas, el Teatro Caupolicán que, así como la Quinta Vergara fue nuestro escenario en Viña, en Santiago lo fue el mítico Caupolicán y su dueño, don Enrique Venturino.

Tantos, variados y disímiles asuntos debió ir asimilando Juanita, que sin duda ella no debe haber imaginado nunca antes el Imperio de recopilaciones que su cerebro y su corazón tendrían que retener, analizar y almacenar.

Durante esos cinco años Juanita tuvo varios ataques depresivos, dada la magnífica, tumultuosa, contundente y cargada información que tanto su cerebro, así como su corazón y alma debieron soportar. Felizmente para todos y muy en especial para ella, esos escollos logró sobrepasarlos con orgullo, dignidad y coraje familiar.

Esa tenaz y estoica resignación junto a la inmensa apertura de espíritu que Juanita supo conceder, Los Jaivas fueron salvados y de esta manera se pudo continuar el camino hasta el día de hoy.

¿Qué recuerda del proceso de producción y composición del álbum?

Hay que tener en cuenta que paralelamente a todas las historias que cada uno de nosotros contó a Juanita, por otra parte, y dulcemente íbamos ensayando poquito a poco el repertorio de Los Jaivas porque era algo evidente y necesario. Incluso durante ese tiempo nos llegaron algunas propuestas de gira que debimos rechazar.

Es así como paso a paso escuchando siempre nuestras infaltables y constantes historias, Juanita fue aprendiendo el repertorio y asimilando agudamente el estilo Jaiva y muy especialmente, el de su padre.

Junto a toda esta tremenda labor, llegó un momento en que nos dimos cuenta que lógicamente y mucho mejor, iba a ser la creación de un álbum especialmente construido para la presentación oficial en sociedad de Juanita.

Comenzamos, entonces, los ensayos divididos entre la preparación del repertorio de Los Jaivas y la selección de música salida de la improvisación espontánea y de cada ensayo que cuidadosamente grabábamos para seguidamente analizar y estudiar si es que de esas grabaciones algún tema podía salir.

De este trabajo cotidiano fueron saliendo los temas que reunimos en lo que finalmente sería el álbum Hijos de la Tierra.

Con respecto a la producción, supimos que no muy lejos de París, en otro departamento vecino, en un pueblito rural llamado La Tretoir, existía una casa condicionada como estudio de grabación. La decisión fue rápida. Hablamos con un ingeniero de sonido y pronto nos vimos instalados allá, en los estudios La Tretoire. El trabajo allá fue bucólico. El pueblito no tenía más de unas veinte casas y estaba rodeado de campos sembrados de trigo, sin contar el ganado bobino que veíamos por allí y por allá. Dormíamos y nos cocinábamos en esa casa.

Siempre grabábamos primero juntos hasta considerar que una de las versiones del tema que habíamos elegido la encontrábamos óptima como para dejarla de testimonio, es decir la base sobre la que procederíamos a hacer los doblajes.

Es así como teniendo esa base, uno a uno íbamos pasando a la sala grabación para lograr los respectivos doblajes. Mientras, los que quedábamos desocupados que era todo el resto del grupo, algunos dormían, algunos paseaban, otros se interesaban en escuchar lo que se grababa en la sala.

Cada músico grababa sus partes solo en compañía del ingeniero de sonido. Cada parte musical en esa producción, fue el producto de la propia ejecución de cada músico. Así se hicieron las tomas de sonido de aquel álbum.

Posteriormente, en otro estudio en otro lugar, procederíamos a la ecualización. El remix, primero de cada instrumento para luego irle agregando a todo, todos los efectos que pudieran usarse para lograr lo querido. En esa fase del trabajo, yo, como siempre estuve al lado del ingeniero de sonido para ir armando ya el tema definitivo.

Varios temas fueron rescatados de antiguas composiciones que el grupo no había registrado y que debió completar en un intenso trabajo de taller en esta oportunidad. ¿En qué momento fueron creados y cómo? ¿Por qué se usaron en este disco?

Siempre va quedando mucho material que por diferentes razones no es incluido en ningún álbum. Y no es que se trate de un material de segunda o de tercera, sino que estamos hablando de un material al que no se le concedió entrar en este u otro álbum. Las razones de su no inclusión, decía, son diversas, ya sea porque no se ajusta al álbum en construcción o porque se considera que su arreglo no va a tener el tiempo suficiente como para una buena realización, etc. Hay temas, como es el caso de Litoraleña, que permaneció archivado desde la época de Les Glycines hasta que decidimos incluirlo en el álbum Hijos de Los Tierra.

En realidad, casi todos los temas que quedan en este archivo de temas en espera son temas no terminados y casi siempre no trabajados, por lo que a ninguno de ellos se podría asignar el nombre de maqueta.

Siguiendo con el ejemplo de Litoraleña, dado el espíritu que estaba ya reflectando aquel conjunto de temas que finalmente se llamarían Hijos de la Tierra, vimos que podía calzar perfectamente entre ellos, pero faltaba redondear el arreglo y también faltaba la letra. En el archivo había quedado con el nombre de Litoraleña porque su sonido hacía recordar imaginativamente al litoral del Paraná, río que pudimos tener a nuestro lado durante la estadía en Zárate. Esto está evidenciando que este tema ya había nacido en Zárate.

¿Cuál es el rol que cumple este disco en la historia de Los Jaivas?

Este es un disco excepcional: tiene en su seno el ingreso de Juanita y Fernando que en realidad son ellos quienes nos sacaron de las profundidades del espanto, la terrible e insoportable añoranza de Gabriel, presenta una nueva manera de arreglar las canciones donde a propósito usamos preponderantemente los teclados electrónicos hasta el punto de casi dejar de lado el piano que es el instrumento clave en el sonido jaiviano. Esta intención y estilo se mantendrá hasta el álbum Arrebol.

¿Cuál fueron los aportes de Juanita Parra y Fernando Flores?

Juanita Parra crea la nueva batería en el sonido de Los Jaivas. Por otro lado, Fernando Flores toma su rol en el bajo y hace aparecer un nuevo estilo en ese instrumento. Ya no es el bajo de Mario Mutis, ni el estilo de Mario Mutis, ni la manera de tocar de Mario Mutis, ni tampoco es la misma marca del bajo. ¡Todo cambia ahí!

Estábamos dando un nuevo paso en nuestra manera de tocar, en el sonido. Había muchos elementos que conformaban un nuevo sonido. El sonido era nuevo, pero el estilo se conservaba, el lenguaje musical se salvaba, continuaba siendo el mismo.

La mayoría de las letras son escritas por usted. ¿Qué deseo exponer o expresar a través de estas líricas? 

Muchas veces, no siempre, nuestro taller tuvo el tiempo de empaparse del espíritu del trabajo propuesto. Me refiero a los álbumes que pudieron gozar de esta tranquilidad y terreno propicios. El álbum Aconcagua, por ejemplo, en él se reúnen temas que habíamos creado en gira, por decirlo así. Demás está decir que las obras de carácter conceptual tienen, se prestan y deben ir profundizando el sujeto elegido. Hijos de la Tierra, sin ser un trabajo con un sujeto preconcebido, finalmente tomó el cuerpo (sin serlo) de un disco conceptual.

Pero esto se debió a que pasamos cinco años en taller, fenómeno que nunca había acaecido. Nos juntábamos tres veces a la semana y en ocasiones más. Sin contar con que la grabación fue realizada en una casa en el campo a las afueras de la región parisina donde podíamos estar ahí sin movernos los días que queríamos, y así lo hicimos. De ahí no salimos hasta completar todas las tomas de sonido.  Considero que esta labor tomada de manera tan en familia nos entregó la posibilidad de pensar mucho en la composición de cada tema. Pudimos meditar mucho sobre el trabajo y sobre cada tema en construcción.

Pienso que esta manera de ir creando los temas forjó entonces una hermandad directa entre tema y tema. Y aunque Litoraleña salió de nuestros antiguos archivos sonoros, esto no fue motivo para que el tenor de ese tema escapara forzosamente del clima que envuelve a todo este álbum.

Es lógico que con las letras de este álbum pasara lo mismo y que entre ellas de una u otra manera se mimetizaran y dieran como consecuencia el resultado homogéneo tanto en música, así como en lírica. Al parecer, el Genio de la Lámpara Maravillosa de la Música puso su varita y nos condujo por el gran Camino Terrenal. Ahora, a la distancia puedo darme cuenta de eso.

¿En qué cree que esta obra se diferencia de las anteriores de Los Jaivas? 

Intencionalmente, quisimos que este álbum tuviera otra sonoridad y que entonces iban a ser los teclados una de las grandes características que lo diferencian de los demás. A propósito, el piano es escaso en este trabajo y esto se hizo simplemente porque quizá nunca le habíamos dado una preponderancia tal a los teclados electrónicos. Pienso que es esta la gran característica de este trabajo.

¿Siente que a través de este disco Los Jaivas retornan a sus raíces sonoras?

Se continúa creando. Si obligamos a que este álbum estuviese imbuido del sonido electrónico, eso no significó que nosotros dejáramos a un lado las raíces que siempre han acompañado y hecho de nuestra música una realización basada estrictamente en los ritmos, leyendas y aires del folklore y la música autóctona americana. La mezcla que nosotros creamos está más que presente en Hijos de la Tierra. ¡Siempre profundizando y yendo a interpretar el sonido que deja entrever nuestra Patria Americana!

Después empezaron a realizar giras. ¿El público cómo recibió este retorno? ¿Qué se sintió volver con un nuevo álbum al escenario? 

¡Eso fue magnífico! Seguramente ese fue el premio y merecido recreo después de un confinamiento de cinco años.

Por Fernanda Schell

Fotos por Fernando Flores

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