Mood Valiant

Hiatus Kaiyote

Lun 26 julio, 2021 - Diego Montanari
Etiquetas: Hiatus Kaiyote Mood Valiant Pablo Rebolledo Bañados

Después de 6 años llenos de presentaciones alrededor del mundo mostrando sus canciones más experimentales y alocadas, los australianos/as de Hiatus Kaiyote disfrutaron de extensas giras donde pudieron llegar incluso a nuestro país en una memorable presentación en la Cúpula, donde deslumbraron con virtuosismo galáctico y creativo. Mucho tiempo tuvo que pasar para que la agrupación nuevamente entrase al estudio a grabar material nuevo, donde también pudieron mostrar nuevas canciones de lo que se vendría.

Pandemias, contextos socioculturales, básicamente el mundo estaba dado vuelta en diferentes sensaciones y con intensidades de las que uno como persona viviente no puede escapar ¿Cómo iría afectar todas estas auras a la mente creativa de estos músicos/as que siempre nos quieren hacer viajar con sus composiciones? Mood Valiant es la demostración de algo que el grupo necesitaba demostrar, una madurez de sus letras y también un sonido mucho mejor trabajado a base de composiciones pensadas para ser un concepto y un temple totalmente cálido en sus transmisiones.

Desde el comienzo estamos ante lo que va ser un viaje en donde las emociones y texturas estarán a flor de piel, con esa transición hermosa que es “Flight of the Tiger Lily”, uno puede percibir que algo bello y etéreo estará desarrollándose durante todo el disco. A lo que los hermosos y cristalinos teclados de Simon Mavin nos coquetean en su producción, la voz de Nai Palm se libera de una burbuja en “Sip Into Something Soft”, bajando con su reconocible voz y tonos, jugando con diferentes voces mientras el bajo marca un peso propulsor con una batería continua. Las capas vocales nos vuelven parte de un sueño totalmente surreal, con adornos de producción totalmente volátiles y lisérgicos. Ella dice que “La caballería está muerta” en esas vibraciones constantes que introducen a los/as auditores/as en un espacio de efectos sonoros en un acto minimalista líricamente.

Con total carisma y conexión, “Chivalry Is Not Dead” es la contra repuesta, sumergiéndonos en sonidos totalmente alegres y con quiebres que contienen una pisca de electrónica y bajos totalmente presentes de parte de Paul Bender, con la batería de Perrin Moss escuchándose compleja en su ejecución. Slap enérgicos, ambientes lisérgicos en el teclado, y una guitarra acompaña en esta nave espacial de música sin límites. Aludiendo a su título, “And We Go Gentle” entra en una vibra R&B totalmente íntima y con un soul impregnado en su esencia, con sus facetas futurísticas, el cuidado de sus percusiones y los teclados entregan una calma en la que todos/as los/as integrantes abrazan una misma cruzada.

“Get The Sun” es una fiesta después de un viaje placentero y sereno, desde su colaboración con el legendario tecladista brasileño, Arthur Verocai, la canción es la que más alma latina tiene en su esencia, combinando ambientes psicotrópicos y con cuerdas que van creando una cierta nostalgia en su fórmula. Trompetas que juegan en una pasarela en la que todos/as disfrutan de su entorno, se nota que es una canción que goza de ser uno de los más entretenidos y también de los vacilones. Un jamming que se desvanece entre teclas fantasmales y que insertan la producción en un tipo de túnel de maravillas sonoras.

Decodificando el próximo recorrido, con guitarras desérticas recreadas con tremolo y platillos secos que rápidamente cambian a un juego de caja electrónica, un loop de base suena y en el paneo de los audífonos codifican un nuevo paso. “All The Words We Don´t Say” le hace justicia poética a su título, porque en todo momento estamos escuchando distintas manifestaciones instrumentales y filtros, los cuales podría representar todas esas emociones que nos cuesta expresar. La voz de Nai se vuelve una endiosada cuando sus efectos de pedales y filtros de micrófonos que van engrandeciendo su rango vocal hasta niveles maravillosos, y la experiencia es más atrapante y extravagante con la escucha detenida.

“Rose Water” crea un colchón guapo entre el bajo y el teclado, en sensaciones que van siendo manejadas con capas que se sienten deleitables con sus tonos. Cada momento está creado a pulso y con gran creatividad de lo que sus instrumentos tratan de crear a base de estructuras narrativas que empapan de extravagancia la escucha. “Red Room” debe ser de las canciones más pegadizas de este disco efectivamente, una de las más personales también a nivel interpretativo y aprovechando lo mínimo y sencillo para adentrarnos en la mente de su cantante. Es un espacio de reflexión totalmente creado para alargar el pensamiento y sentarse a repensar cosas, esa pieza roja debe ser de los tracks más precisos y deliciosos que la banda ha creado.

 “Sparkle Tape Break Up” por alguna razón se siente más tensa y oscura, incluso podría ser percibida como a ratos deprimente, por sus modalidades que se meten en lugares densos a ratos. Y es raro, porque de alguna manera mantienen ese trabajo armónico y pausado, con ciertos elementos jugando con esos contrastes de manera impecable. Pero si hablamos de intimidad y total conexión con la interpretación, el dúo de Mavin con Nai en “Stone or Lavender” es total sinceridad siendo expuesta en su etapa más cruda y directa, haciendo magia desde un lado más sensible de sus emociones, creando momentos de pesadumbre o hasta desamor, hay una ejecución demasiado conectada con su entorno. El tema más hermoso de este disco fijo y con el sentimiento más real independiente de todas las cosas.

“Blood and Marrow” nos devuelven a la faceta inicial del álbum, sonidos que están siendo más precisos, efectos sonoros que nos transmiten la sensación de una odisea donde cada momento está siendo maquinado de manera colaborativa. Y es que al final, este nuevo capítulo en la discografía de Hiatus Kaiyote es un gran aporte y crecimiento que se agradece tener en tiempos modernos de la música como los que estamos viviendo.

Anteriormente, la gran virtud de la agrupación australiana era deleitarnos entre pasajes matemáticos, salidas abruptas, viajes intergalácticos y cruzando eso con las vibras de la naturaleza y la fauna en su concepto. Siempre había un deleite de virtuosismo e ideas que lograban una experiencia totalmente llena de una juventud imaginaria que buscaba explotar cada rincón con genialidad artística. Pero años ocurrieron para que “Mood Valiant” llegase a convertirse en la obra más inteligente, minimalista y mejor trabajada que estos chicos/as provenientes de estas exóticas tierras nos entregasen una de sus obras más personales y mejor pensadas hasta la fecha.

El excentrismo no se va, pero lo que si se pule finalmente es que desde el menos hay más, y si bien hay pistas de adornos, instrumentos exóticos y auras totalmente volátiles, cada rasgo acá está pensando de una manera sabia y concisa. Desde el lanzamiento de sus tres sencillos se veía venir que algo iba a primar, las letras de Nai está vez dejan de lado los rasgos de la naturaleza, para abrir una caja de sentimientos que ella suelta con una confianza representada en sus reiterativas frases, potenciada en su sublime interpretación. Acá el bajo de Paul Bender se lleva grandes momentos durante todo el disco, la batería de Perrin Moss aprovecha esta ocasión para experimentar y crear bases más cercanas a la música del rap más experimental y abstracto. El teclado está en su éxtasis y elocuencia máximos desde el talento de Simon Gavin.

Es un crecimiento en conjunto, donde todos/as se unen en un testimonio grupal, que deleita con mayor fineza y detalle de sus composiciones.

El ritmo mantiene su sutileza, porque todo es más estático de alguna manera, sin quitarle nada de lo fascinante e interesante de sus tracks en temas de transiciones y conceptos. Desde su portada- que resulta un tipo de acertijo sensorial- hasta las referencias y paletas de colores que priman el rojo y los oscuros, “Mood Valiant” se convierte en uno de los mejores discos salidos de estas cabezas musicales que priorizan el trabajo y dedicación para entregar algo hecho con total cariño y cuidado de su esencia.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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