Ohms

Deftones

Mié 30 septiembre, 2020 - Diego Montanari
Etiquetas: Deftones Ohms Pablo Rebolledo Bañados

Ay, esta cuarentena nos ha tenido tan secos, a ratos tan enojados y sensibles, como también nos ha hecho tocar fondo de maneras tan íntimas y extremas. Se ha comprobado legítimamente en este proceso que el arte y la música-sectores tan vapuleados en nuestro país en comparación a otros- han sido las terapias más grandes e importantes para calmar la ansiedad y soltar nuestras inseguridades, porque finalmente eso somos, seres cambiantes que van evolucionando y aceptando sus procesos de manera honesta.

Deftones es una banda que eso lo sabe al revés y al derecho. Con puntos muy altos y otros más cuestionados, la agrupación californiana supo de inmediato escapar de una etiqueta musical impuesta por los medios, y así crear su propio camino a base de creatividad, auto conocimiento, roces internos creativos, pero siempre velando por el nacimiento de algo único. Con 8 discos anteriores, en donde de pasar de un aggro metal aguerrillado de descontento juvenil a flotar entre mares de efectos cetáceos y espacios melódicos ¿Cómo la banda podría llegar a sorprender de nuevo?

Ohms es algo hermoso, no es solamente el hecho de que la banda tuvo que darse un espacio para pensar seriamente en hacer un disco con algo palpable, genuino y pesado (como pedían muchos fanáticos, y bueno, su guitarrista Stephen Carpenter), también fue un momento para dar una declaración a base de lo que ellos han construido durante su carrera: respeto, admiración y mucha atención.

Estamos ante un trabajo que logra de sobremanera algo que muchas bandas han tratado de ejecutar durante toda su carrera, resumir la discografía sin caer en el auto-plagio y seguir fascinando con sus canciones. Y es que acá tenemos pinceladas de momentos nostálgicos, combinados de manera maestra con sus sonidos más contemporáneos, y aun así creando una experiencia novedosa. “Ceremony” es desconcertante, y no claramente por su estructura como tal, sino por esos guiños, por ejemplo, el riff inicial nos recuerda mucho a esos años de garage y desquite suspensivo de Around The Fur (1997) o Adrenaline (1995). Son esos punteos inquietantes del cual piensas que habrá una riffadera dispuesta a desnucarte, pero al minuto remata con guitarras pesadas sacadas de la producción de Diamond Eyes (2010).  Esa vuelta a la tuerca con la que pudieron seguir pateando cráneos sin sonar desprolijos. Incluso, acá tenemos una presencia importante del bajo, jugando más entre los ritmos.

Tenemos composiciones que nunca decepcionan, y que a creces validan la vigencia creativa y melódica de su gran vocalista, Chino Moreno, quien con sus tonos peculiares ha logrado crear un sello siempre imitado por otros. “Pompeji” es una belleza en ese sentido, no solo porque las guitarras de Carpenter nos devuelve esa volátil sensación de placer sonoro con la que nos ha tenido acostumbrados desde Koi No Yokan (2012) y White Pony (2000), son también los coros e ideas vocales pensados de manera natural. El puente del final, con esos samples de olas, ese relajo necesario y esos pasajes contemplativos que tanto nos hacen descansar que convierten esa sección en una obra por si sola. Cuando escuchas ese tipo de acordes en una canción de Deftones, sabes que te depara algo intenso, emocionante e indescriptible.

Seguido de este tema, la adecuación con “Link is Dead” es perfecta, convirtiéndose en una deformación en el espectro, y con unas guitarras apuñaladoras a punta de efectos, y soltando ese lado errático de Chino que no deja de escupir y gritar. También los ambientes se ponen más tenebrosos, dando una sensación de extrañeza al otro relato. Con este arte digital, la banda comienza a deparar en sus agudos cibernéticos, haciendo calzar su visión con la música misma.

“Urrantia” es la amalgama perfecta de sus dotes, un riff de palm muting con un hi hat que marca insaciable, rematado por los ambientes oníricos creados por el tecladista, Frank Delgado, quien en esta etapa es un factor vital. El detalle mas exquisito de esta producción, es la de sus sintetizadores y adornos, simplemente sin ese detalle dentro de esta fórmula, el disco sería uno más. Por ejemplo, “Spell of the Mathematics” es un tema mucho más complejo en su estructura, pero las subidas la manda él con asertividad, y es que era un elemento del cual a Deftones le hacía falta aplicarlo a la precisión, ahora parece un alma más con estas canciones llenas de inspiración.

El track más radial sería “Error”, y es que nos ensalza con una fibra juvenil en su riff y distorsiones digitales al comienzo, acertando con un coro que es digno de ser un hit más de la banda en los años 2000. Pero no, es una muestra de música envidiable que el grupo puede lucir hoy en 2020, sin perder su piel. Las transiciones y el experimento sacados de su inicio de milenio siguen causando ese estruendor y afinidad de la época. Las encargadas de hacer sacar el lado más primitivo de las épocas más queridas son “Headless” y “Radiant City”, con la creatividad de Stephen ejecutada a la perfección.

¿Cómo se puede resumir este disco entonces? Los lanzamientos de “Ohms” y “Genesis” son más simbólicos de lo que se escuchan. Genesis abre el disco, con potencia y aplicando sus ambientes hacia el nacimiento de algo, el cual puede ser la misma descripción que ha tenido su música en el paso de los años. Chino Moreno grita que ha “encontrado el balance”, mientras ya al final, con más tecnicismo, influencias zeppelianas en la guitarra (algo poco visto en Deftones) pues el cantante exclama “que el tiempo no cambiará esto”, o sea el ADN mismo del grupo. Es demasiado poético, es algo surreal y se que sería adelantarse a los hechos, pero si este fuese un último disco en la carrera de la banda, pues vaya magna y hermosa despedida sería.

Por Pablo Rebolledo Bañados

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