Reseña de Made Of Rain de The Psychedelic Furs

El regreso de los británicos tras casi dos décadas

Mié 07 octubre, 2020 - Diego Montanari
Etiquetas: Made of Rain The Psychedelic Furs Valentina Armijo

La banda británica de new wave fue formada en 1977, luego de un tour se tomaron una brecha de descanso -si se puede decir así- en 1992. En 2001 se reformaron, se mantuvieron activos sin sacar nuevo material, y más vigentes cuando formaron parte de las bandas sonoras de la serie Stranger Things y el filme Llámame por tu Nombre. Pero aquella eran tracks pertenecientes a discos previos para ambientar aquellas cinematografías.

Eso hasta enero de este año, cuando compartieron “Don’t Believe” para anunciar nueva música, luego de casi tres décadas. Un himno sobre el dinero y la incredulidad ante el vacío que llena y vuelve a vaciar tan fugazmente. Una escena más rockera se apodera del ambiente y da una pista de lo que podría ser este gran “regreso” de TPF. Aunque nunca dejaron de ser oídos.

La bienvenida oficial la da “The Boy That Invented Rock And Roll”, con una melodía psicodélica sello y elementos de vientos levemente catárticos en su inicio, y entre estrofas y coros, su letra también lo es; plasmando lo que es una vida de rock. Y a la vez, la voz de Richard Buttler entrega una calidez que luego se une con una vislumbrante melodía que parece retroceder en alianza con una solitaria guitarra. Y una animada presenta “You’ll Be Mine”. Una canción que se siente montañosa, orgánica. A momentos hay un viento luminoso que genera alianza con una guitarra y una batería generando una atmósfera de grandeza, de esperanza, como lo es el nombre del track. En temas así nos damos cuenta de lo moderno que ha llegado a ser su sonido. Un camino de tonalidad similar nos lleva a “Wrong Train”, una balada guiada por una bella guitarra acústica que corre a través de toda la canción dándole una sensación más liviana a la desilusión en su letra y la voz de Buttler que siempre lo da todo.

Otra balada digna de ser cinematográfica a continuación. Una melancólica melodía continúa, pero se levanta cuando la voz de Buttler da inicio a los demás instrumentos en “This’ll Never Be Like Love”. Es una letra de decepción muy profunda que plasma escenas quizás no universales, pero de todas maneras fáciles de sentirse relacionado. En el medio el ritmo cambia bastante, aunque no de forma abrupta. Y muy brevemente, se hace presente una trompeta encantadora al finalizar. Un detalle que resulta en apega ante “Ash Wednesday”, en dondela situación es particularmente oscura, triste, y de pronto el rumbo se ilumina y pese a que existe una cortina sintética que nos la devuelve al final, parece muy poco. Es un final maravilloso, inocente, sorprendente. Al igual que “Come All Ye Faithful”, las letras relatan una perdición catártica e igualmente compite o más bien, se establece junto a otros temas -de este y discos anteriores- para una lista de himnos. Las bromas pesadas en las letras reflejan también la libertad que se han tomado, la honestidad con la que crearon.

El impacto es fuerte en “No-One” pero casi solo por ser estridente y el contínuo -y aún así fresco- modo confesional que determina la línea narrativa de este disco y la esencia de la banda.

Hablando de preciosidad, “Tiny Hands” es la más psicodélica. Es un gran guiño propio de la banda y lo que se ha esperado oír con más tiempo y dedicación. Además, se hace memoria del último álbum de la banda (World Outside) que consagró el sonido psicodélico muy bien. Definitivamente trae recuerdos. El candor permanece con “Hide The Medicine”, las baterías desde el principio se roban toda la canción y en el coro se presenta un final angelical

“Turn Your Back On Me” prepara el tono decadente de lo que ha sido un camino de altos y bajos, en letras, sonoridad y ánimos. En esta escena lidera una guitarra que sigue con buen temple, haciendo coincidir el oído y el sentimiento con su término: “Stars”. Otro himno cinematográfico. Su inicio es intenso y su final lo es mucho más, es tremendo. Todo se calma y su letra logra transmitir eso. Algo para apreciar con demasía es la sencillez y el giro que se le da con el sintetizador acercándose al final, un solo digno de cierre, que de ser en vivo daría toda una experiencia, junto con el toque de que el estribillo “these are the days that we will all remember”, posee cierta melodía similar a “Love My Way” (1982) por lo que trae más recuerdos de la banda. Es algo muy especial, sobre todo para cerrar este nuevo disco, este nuevo sendero.

Por Valentina Armijo

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